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viernes, 10 de mayo de 2013

Misceláneas judías para la pausa del Sábado



1º de Sivan de 5773

En vísperas de la fiesta de Shabuot, una sensible interpretación de Meguilat Rut

EN EL GRANERO EN BELEN
                                       Meir Shalev – (de su libro “Tanaj Ahora”)

“Volvió Naomí y Rut la moabita, su nuera, con ella, regresaron de la tierra de
Moab a Belén en la época del comienzo de la cosecha de cebada” (Rut 1:22)

En varios pasajes del Tanaj se hace referencia a graneros, pero el más
conocido es el de cebada de Boaz, en Belén, en el que por primera vez se
encontró a solas con Rut la moabita. En torno a este romántico granero giran
los exegetas cual tías preocupadas y lo desmenuzan con rastrillos de dinim y
halajot, leyes de ibum y giur hasta que pierden la frescura del relato.
Primero y principal se trata de una historia humana de amor encendido y quien
se abstrae de este elemento asume la responsabilidad de su propia pérdida.
Como se recordará, Rut era una joven moabita. Ella y su hermana Orpá
estaban casadas con dos hermanos que emigraron de Israel a Moab por
razones económicas. Como lo insinúan sus nombres, los hermanos Majlon y
Kilyon fallecieron a temprana edad. La madre, de nombre Naomí, decidió
regresar a Belén. Rut la acompaña, en un gesto excepcional de abnegación a
su suegra. Al regresar a su casa Naomí se encuentra en una situación
desesperante. No tenia marido ni sustento, y sus bienes hipotecados. Y en
esos días no existían los planes de ayuda económica a los ciudadanos israelíes
que regresaban al país. Al formar parte de la población considerada la más
débil, Naomí comprendió que Rut, su joven y encantadora nuera, constituía la
única posibilidad que ambas contaban para sobreponerse a la triste situación
en que estaban sumidas: ser colectoras pobres de los granos que los
cegadores van dejando en el campo. Ambas viudas aspiraban, con toda
justicia, a contar con un hombre que las mantenga para dejar de depender de
la generosidad de las almas piadosas.
“Y tenia Naomí un pariente por parte de su marido Elimelec, un hombre
poderoso de la familia de Elimelec llamado Boaz. Y le dijo Rut la moabita a
Naomí: “Permíteme ir ahora al campo a rebuscar entre las espigas en pos de
aquel en cuyos ojos hallare gracia.” Hay quienes interpretan estas últimas
palabras como la gracia en los ojos de cualquier terrateniente, es decir, voy a
rebuscar entre las espigas de cualquier campo al que se me permita ingresar.
Pero es muy probable que la intención fuera de hallar gracia precisamente en
los ojos de Boaz. O sea desde un principio Boaz se convirtió en el objetivo de
ambas. A medida que avancemos en el relato notaremos que esta es una
interpretación lógica.

Rut llegó entonces al campo de Boaz. El texto dice: “Y ocurrió que
casualmente esa parcela pertenecía a Boaz”. Es decir que Rut no llegó a ese
sitio intencionalmente sino por pura casualidad. Si realmente esto ocurrió por
casualidad concluyamos que fue un éxito.
Boaz llega al campo, ve a Rut y aparentemente ella le causa una profunda
impresión, porque lo primero que pregunta al criado a cargo de los cegadores
“¿De quién es esta joven?” Así, en un estilo literario indirecto y refinado el
escritor nos relata que el corazón de Boaz quedó cautivado a primera vista. Si
ya se trataba de amor o solamente de una curiosidad masculina acerca de la
joven colectora lo dejo a la interpretación personal de los lectores. Lo cierto es
que Boaz le proporcionó a Rut un trato especial del que no gozaban las demás
colectoras pobres. Boaz le ruega a Rut: “No vayas a espigar en otra era, ni te
pases de aquí”. Ordena a sus criados que le provean comida, bebida y que no
se atrevan a tocarla. Fácilmente podemos imaginar cual era el trato que
tenían que soportar las pobres colectoras que no contaban con un protector a
la hora de hincarse, a la vera del campo, para levantar las espigas olvidadas
por los cegadores. Tenían que sufrir groserías y ofensas por parte de los
campesinos a fin de que se les permita reunir las espigas necesarias para
aplacar el hambre de sus seres queridos.
Nuestros sabios, que apenas notaron el entusiasmo de Boaz por Rut, tratan de
convencernos que Boaz quedó muy impresionado por la humildad y castidad
de Rut, ya que “a las espigas paradas las colectaba de pie, las caída – sentada
en el campo”. De todas maneras no se agachaba desvergonzadamente como
las demás jóvenes del pueblo.
A la noche, cuando Rut regresa a casa, le refiere a Naomí el trato preferencial
que Boaz le dispensa, a lo que ésta responde: “El hombre es pariente cercano
nuestro, uno de nuestros redentores”.
Al concluir la cosecha, luego que Rut y Boaz se encontraran diariamente en el
campo, Naomí comprendió que el hierro estaba al rojo vivo y era el momento
propicio para descargar la masa. La vieja pícara decidió avanzar a la siguiente
fase: seducción y conquista.
El tercer capítulo del Libro de Rut constituye una atractiva escena de seducción
en un ambiente pastoril, ejemplarmente escrito, en el que Naomí se presenta
detrás de su nuera como una experta titiritera. A Rut la envían al granero en
una misión que articula su agradable presencia y buenos modales con un
ramillete de consejos prácticos provistos por Naomí: “Hija mía, ¿no he de
buscarte descanso para que te vaya bien? ¿Y no tenemos ahora a nuestro
pariente Boaz, con cuyas criadas estuviste? He aquí que esta noche zarandeará
la cebada en el granero. Lávate pues y úngete y ponte tu mejores ropas y
baja al granero, pero no te hagas conocer al hombre hasta que haya comido y
bebido. Y será cuando se acueste, que mirarás bien donde se acuesta, y
entrarás después, y descubrirás sus pies y te acostarás tú (allí) y él te dirá qué
deberás hacer.”
Mucha inteligencia encierran estos sencillos versículos. Naomí confía en los
principios básicos de la naturaleza y la sociedad. Ella envía a Rut a la caza
acicalada, limpia y perfumada, con una presencia más bella y atractiva que la
expuesta diariamente en el cebadal. Ella le advierte que no se le acerque a
Boaz antes que termine su comida, porque sabe que un hombre cansado y
hambriento podría comportarse como un animal nervioso, salvo que se sienta
satisfecho. Además, Naomí le planea a Rut una aparición de muy corta
distancia que va a sorprender a la víctima dichosa. Siguiendo con las
instrucciones de Naomí, Rut destapa los pies de Boaz cuando éste ya estaba
dormido. La fresca brisa que sopla por las noches en las colinas de Judea se
hizo presente. El frío en las extremidades destapadas de Boaz lo despierta.
“El hombre se asustó y se volvió y he aquí a una mujer a sus pies.”
La exégesis tradicional pasa a máxima alerta desde el momento que se percibe
que Rut va a quedar a solas con Boaz en el granero. También nuestros sabios
saben que el granero es un sitio romántico, y echaron mano a todo drash y
pilpul posibles para evitar que el lector imagine que allí pudieron conducirse
indecentemente, que pudieron adoptar procederes impropios de la estirpe del
Rey David. Rashi, que desde un principio nos informa que Boaz estaba
sentado en el granero “sumergido en la Torá”, se apresura en aclarar que
“Boaz extendió su mano sobre la cabeza de Rut y reconoció que se trataba de
una mujer.” También Ibn Ezra teme por la posibilidad que Boaz estudie
indecentemente la figura que tenía a su lado. El sugiere que “probablemente
ella le dijo: “No temas”, unavoz femenina es fácilmente reconocible; o quizás
la luz de la luna le permitió ver que su rostro no tenia barba, o podría haberla
reconocido por sus vestimentas.” En el Midrash Rut Rabati nos presentan una
discusión halájica completa mantenida por ellos: “El le pregunto “¿quién eres –
un espíritu o una mujer?” Ella le contestó: “Una mujer”. El preguntó: “¿Una
mujer libre o perteneces a un hombre?” Ella contestó: “Una mujer libre”.
“¿Pura o impura?” “Pura”. La apología de estas exégesis parten del supuesto
que Rut fue a conversar con Boaz acerca de la redención, pero, entre líneas, el
texto bíblico nos indica que Boaz, en el preciso momento que despierta, se da
cuenta que una mujer está echada a su lado. Lo primero que atina a
preguntar: “¿Quién eres?” utilizando la declinación femenina del verbo, indica
que Rut estaba acostada tan próxima a él que inmediatamente distinguió que
lo que tiene a su lado es una mujer y no un espíritu o un judío barbudo.
“Soy Rut, tu sierva. Extiende tu manto sobre tu sierva porque eres un
pariente cercano”. Así le contestó Rut a Boaz, toda ella ingenuidad y
modestia. En clara contraposición con esos susurros recatados, las ventanas
de su nariz ya percibían el perfume agradable del aceite que Rut ungió sobre
su cuerpo, y en la oscuridad su cuerpo siente el calor que irradia la joven
moabita que yace tan próxima a él. Las disgregaciones intelectuales acerca
del ibum, la redención, pureza e impureza, que tanto atraen a nuestros sabios
de todas las generaciones, en ese momento, le interesaban a Rut y a Boaz
como la cáscara del ajo.
Rut y Boaz no conformaban una pareja de adolescentes que accedían por
primera vez al mundo del amor. Rut ya había estado casada, de Boaz no
tenemos ninguna información acerca de su estado civil, pero debemos suponer
que ya había dejado atrás la adolescencia y seguramente no perdió la
virginidad la noche ésta que estamos comentando. Cuando él descubre que
Rut esta acostada a su lado él imagina que ella no viene a intercambiar
experiencias de la cosecha de cebada. Como dos personas adultas que eran
comprendieron la atracción mutua que fue desarrollándose durante la cosecha.
La presencia de Rut en el granero le demostró a Boaz que ella tenía interés en
él, así como el trato especial que le dispensó a Rut ponía de manifiesto su
inclinación hacia ella. Pero la frase “Extiende tu manto sobre tu sierva” le
aclara a Boaz que Rut habla de matrimonio y no de una noche pasajera de
lujuria.
Boaz se encuentra en una situación difícil y harto conocida. Por un lado él es
un ciudadano honesto y respetable, él también abriga en su corazón serias
intenciones con respecto a Rut. Pero la proximidad incitadora de la bella joven
y el ambiente romántico del granero actúan sobre Boaz, de la misma manera
en que hubiesen actuado sobre cualquier otro hombre normal. La frase
siguiente pone al descubierto sus sentimientos: “... es cierto que soy pariente
cercano, pero hay uno que es más cercano que yo. Pasa tranquila la noche, y
será por la mañana que si él quiere redimirte como pariente cercano, que lo
haga, pero si no deseare cumplir como pariente tuyo, Vive el Eterno! que yo he
de cumplir mi parte como pariente tuyo, recuéstate hasta la mañana.” La
honestidad de Boaz le impone informar a Rut que hay otro hombre al que la
une un grado mayor de parentesco y es el que la va a redimir si así lo desease.
Pero la pasión que lo invade lo lleva a expresarse en un tono desesperante:
“Vive el Eterno, recuéstate hasta la mañana “.
La exegesis tradicional prefirió no entender este versículo. Rashi dice:
“Pernoctó la noche – sin un hombre”. Boaz logro dominar sus instintos, y le
pidió a Rut que haga lo propio. Esta interpretación se alinea con la exégesis
que la precede: “Rabí Yuden dijo – durante toda la noche los malos instintos lo
provocaron, lo irritaron y trataron de inducirlo con distintos argumentos – ella
es una mujer libre y tú también eres libre, tú buscas una mujer y ella busca un
hombre, acuéstate con ella y así la consagraras como tu mujer. El respondió a
sus instintos “Vive el Eterno”. Rashi agrega “Boaz juró que va a poseerla sólo
por medio del matrimonio.” El Midrash trae otro conmovedor relato según el
cual Rut estuvo echada a los pies de Boaz por espacio de 6 horas “toda esa
noche Boaz permaneció acostado sobre su pecho, con la cara al suelo
exclamando: “Rey del Universo a Ti te resulta perfectamente manifiesto que no
la toque”. A todos los exegetas les asiste el derecho a sugerir las más variadas
suposiciones, tal como ocurre con cualquier otro lector del relato bíblico, pero
parecería que esta vez no acertaron. Rut y Boaz fueron una pareja más de
amantes, que mantuvo un encuentro amoroso en el granero. Claro que con el
correr del tiempo se fueron descubriendo sitios alternativos al granero. Pero
no olvidemos que aun nos encontramos en los días de la hoz y las espigas.
Rut se dirigió al granero para un encuentro amoroso con Boaz porque así se lo
indicó Naomí, su suegra. Esta inteligente mujer percibió la buena relación que
existía entre los dos. Ella también, como Boaz, conocía perfectamente a todos
los miembros de la familia, y sabía que había otro hombre con un grado más
cercano de parentesco. La cosecha llegaba a su fin y Naomí se percató que a
Rut y a Boaz los unía un sentimiento de amor; pero Boaz, ya sea por su
carácter vergonzoso o porque su calidad de ciudadano honesto, respetuoso de
la Ley, incluyendo lo concerniente a la redención, no se mostró inclinado a
expresar sus sentimientos o a llevarlos a la práctica. El objetivo de Naomí no
era la obtención de un redentor cualquiera, sino de uno bien definido: Boaz.
Naomí programó, produjo y dirigió la noche en el granero, para que Boaz dé
los primeros pasos destinados a concretar la redención de Rut. Podemos
suponer que Rut fue bien aleccionada al granero, en el sentido que debía
señalarle claramente al marido potencial que quizás él no vuelva a cruzarse
con una mujer como ella - a buen entendedor pocas palabras. Rut actuó
exactamente como se lo indicó su suegra, mejorando la puesta en escena
gracias a sus propias aptitudes. Esa noche Boaz pudo comprobar que la joven
viuda proveniente de Moab era una mujer excepcional. El hombre que tuviera
contacto con ella no iba a cejar en sus esfuerzos por hacerla suya para
siempre.
Al amanecer, Rut regresa a casa y le relata a Naomí lo sucedido. La suegra
astuta la calma diciéndole: “Siéntate tranquila hija mía. . . el hombre no
descansará hasta que haya acabado este asunto hoy mismo.”
Y así fue. A la mañana siguiente encontramos un Boaz nuevo. Enérgico y
decidido a lograr su cometido: conseguir a Rut. A pesar de la explosión de
sentimientos, él planea sus pasos con suma cautela, sabiendo que tiene que
sacarse de encima al redentor que seriamente pone en peligro sus
posibilidades de éxito. Boaz sale a las puertas de la ciudad, reúne 10 ancianos
y se sienta a esperar al redentor. El no va a ponerse a negociar, más bien
espera que sea un encuentro casual para que su gran interés por Rut no sea
muy notorio. “Sentaos aquí” se dirige Boaz al redentor cuando se aprestaba a
cruzar las puertas de la ciudad. Por debajo de su tono poco amigable afloraban
profundos sentimientos. Boaz le comenta la posibilidad de comprar la parcela
perteneciente a Naomí. Le sugiere ejercer el derecho preferencial que tiene,
en caso contrario Boaz estaría dispuesto a adquirirla por estar en el siguiente
grado de parentesco. “La redimiré” contesta el hombre. Aquí arroja Boaz una
sorpresa al centro de la mesa: “El día que compres el campo de la mano de
Naomí también adquirirás (como mujer) a Rut la moabita, mujer del difunto
para perpetuar el nombre del difunto sobre su herencia.” Es decir, Rut es
parte integral de la transacción. El que redime el campo debe redimir también
a la viuda. Boaz no omite mencionar que se trata de una moabita, hija de un
pueblo que la Tora prohíbe incorporar al pueblo de Israel. “Entonces no podré
redimirlo para mi, para no perjudicar mi propia herencia” anuncia el hombre.
Boaz no desperdicia un solo segundo. Inmediatamente lleva a cabo todos los
trámites legales requeridos para concretar la adquisición en presencia de los
ancianos, que fueron previamente invitados para este acto. Así obtiene a Rut
como esposa.
Boaz hizo aquí galas de originalidad, astucia y honestidad. Las razones por la
que renuncia el redentor a ejercer su derecho no están ligadas a las leyes del
ibum y la redención, sino a la naturaleza humana que no experimentó cambio
alguno a pesar del descubrimiento de escenarios románticos alternativos al
granero. Si Boaz hubiese ofrecido a Rut en primer término, el redentor quizás
hubiese demostrado interés por ella. Pero Boaz armó un combo en el que
tiene gran importancia el orden de aparición de sus partes. Primero ofreció la
parcela, y luego la incluyó a Rut. En el corazón del redentor se despertó la
sospecha que quizás hay algo raro con esa viuda, que no puede ser redimida
por derecho propio. El hombre sospechó que la parcela es el anzuelo por
medio del cual se pretende pescar una solución para Rut, y renunció al
negocio alegando algo tan vago como “para no perjudicar mi propia herencia.”
Así Boaz convirtió a Rut en su mujer y así Rut atrapó al hombre amado, y así
Naomí se aseguro una vejez apacible y segura. El que quiera ver a Rut como
la primera conversa del pueblo judío y como la piadosa bisabuela del Rey
David, que lo disfrute. Los verdaderos héroes de este relato son el amor, la
astucia y las maravillas de una noche de verano en el granero, las que desde
entonces jamás han defraudado. 
                                                       *********************
Meir Shalev, escritor, psicólogo y periodista; hijo del poeta Itzhak Shalev, nació en 1948 en Nahalal, en Israel, y es uno de los novelistas más admirados y populares de su país. Ha sido traducido a más de 20 idiomas y sus libros han sido bestsellers en Israel, Italia, Francia, Holanda, y Alemania.
Colabora semanalmente con el periódico Yediot Ahronot comentando de forma satírica la política israelí. La pasión por la literatura no la ha heredado de los escritores de su familia, sino de las historias sobre mitos locales que le contaba su madre, que provenía de una familia de granjeros. 

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