Horario de Atención

Lunes a Viernes de 13.00 a 19.00 hs. 1 Piso de la Sociedad Hebraica Argentina - Sarmiento 2233

jueves, 14 de agosto de 2014

Misceláneas judías para la pausa del Sábado

19 de Av de 5774

Exodo y exilio (fragmento) de Arnoldo Liberman*

… ese pequeño hecho histórico – vivir en Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos, Argentina, en el momento en que en Europa gaseaban a miles de niños como yo – hizo que retuviera, recordara e intentara modificar aquello que me era inferido sin consulta, que me determinaba sin albedrío, que me designaba sin darme opción. Judío en un mundo que no terminaba de aceptarme, esta negatividad debía ser el núcleo mismo de una opción creadora, un mundo que debía cambiar también para mí. Muchos años más tarde, ya exiliado en Madrid, recordaría insistentemente a mi abuela, a mi bobe, comunista rusa de la revuelta de 1905, que encendía velas para las fiestas judías: “Acordate de Moisés sin olvidar al general San Martín”, me decía. Hice de estas palabras una máxima de vida. Yo era un argentino de raigambre europea y criolla (abuelos y padre venidos de la Rusia de los zares, exactamente de Ucrania, y madre nacida en Argentina), con la sangre transitada por dos vertientes y con mi cuerpo como campo de batalla de mis esforzados intentos por ser la suma de esas dos vertientes. Por eso, claro, yo era el emergente de esa cupla que mi bobe me indicaba: Moisés y José de San Martín. Esa singular pareja había marcado a fuego mi infancia, y yo – que quería rescatarlo todo, el pescado relleno y el asado con cuero, el freilaj y el tango, el Día del perdón y el Día de la Independencia, las anécdotas contestatarias de mi bobe y la historia de mis próceres argentinos que liberaban a los pueblos de Chile y Perú – yo, digo, vivía en una realidad fáctica y a la vez fantasiosa. Mis horas del día eran de argentino como todos. Pero en esa aparente homogeneidad subyacían pruebas incuestionables que de ese como todos no era más que una ilusión de adolescente. Yo era un gaucho pero mis espuelas estaban hechas con la Estrella de David. Yo era como todos pero todos no eran como yo. En mi casa flameaba la bandera argentina en todas las efemérides patrias, pero grupos de exaltados pasaban frente a nuestras puertas gritando consignas antijudías, tanto frente a la farmacia de mi madre como ante nuestro hogar, cercanos uno de otro. Yo debía crearme a mí mismo, en respuesta a dichas consignas pero sin traicionar la patria presente y mis amigos de infancia. Créanme, aun siento en el esternón aquellos gritos, aquella humillación, aquel temor.
Entonces surgió la parábola, el tentempié chaplinesco, la voltereta circense de mi imaginación: en la medida de mis fuerzas yo debía ser un rebelde, oponerme tanto a los nazis de Europa como a los de mi propio país, resolver la contradicción aparente con un testimonio de mis opciones ideológicas. Rebelde contra un destino que no me aceptaba, contra el chantaje anímico, contra la arbitrariedad ejercida sobre las ideas. Rebelde contra una Historia que me hacía un rebelde. No estaba dispuesto a transigir en una negación que comprometía mi fidelidad a mis huesos, a mis pertenencias y a mi patria. Yo era argentino porque había nacido en una tierra que era mía y en un himno que era mío, pero era a su vez aquel niño asesinado en Auschwitz. El mundo debía aceptar mi doble pertenencia y yo, insisto, estaba dispuesto a no vivir de mala conciencia. Todo servía para diagramar esta nueva definición de mis tribulaciones y hacerme dueño de mi mismo. Yo era argentino porque partía de un hecho inatacable: mi tierra, el lugar de nacimiento, mi ámbito de flujos e identificaciones, mi mundo afectivo, social y psicológico, mi patria maternal y concreta. En esos límites se jugaban mi devenir como hombre, mis vicisitudes intelectuales y mis sueños revolucionarios. Mi primera y esencial forma de autorreconocimiento. Yo reinvindicaba mi derecho de estar codo a codo con el resto de los argentinos y de allí mis conflictos pasaban a ser otros: mi desobediencia a un modelo constituido y arbitrario, mi rebeldía ante lo preestablecido, el reiterado dedo en la llaga, una justicia por venir. Un profeta judío, Jeremías, me había enseñado aquella conducta: “Cuando hablo, grito, grito contra la violencia y la opresión”. Frente a las ideas totalitarias, devastadoramente omnipotentes como manadas de búfalos, la lucha por una identidad múltiple y creadora. Como decía León Rozitchner, yo no olvidaba mis orígenes “desde mi sangre engranada con los padres no negados, con la propia historia asumida sin vergüenza”, y a su vez, frente a la psicopatología del gueto, las multiplicadas puertas de una lucha común a todos. Desde allí yo era argentino, judío y universal, como la aldea de Tolstoy. Ya que no podía abandonar aquellas identidades sin sentirme inauténtico – en el sentido más existencial y profundo del vocablo – debía hacerme con ellas, soldando mis distintos fragmentos, mi imaginario sin tierra, mi shtetl sin cuerpo, la tierra de mis colinas y el cuerpo de mis interrogantes. Yo no quería ser una abstracción, una construcción intelectual nacida de reflexiones humanistas, sino algo más, estar en la lucha con mi sello personal, alejado de todo absoluto totalizador pero inserto en la realidad, vigente en mis opciones más carnales: compromiso e integración, al fin. Sólo la posesión da derecho al ser: lo había leído en alguna parte, pero aquella mirada debía materializarse a través de la posesión de mí mismo. No carecía de contradicciones pero ellas me alimentaban, me incluían, me legalizaban. Tenía dos nacimientos pero un solo carnet de identidad: argentino-judío, nacido el 26 de junio de 1933 en Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos, Argentina, hijo de Salomón y Enriqueta. Desde allí, todo. Sin él, nada.
Ese imperativo categórico, insisto, no tenía un rigor abstracto (fácil de eludir como toda abstracción) sino que nacía desde mis arterias, donde era imposible expulsar cualquier vivencia e instalarme en la duda. Mi lenguaje estaba dañado desde mi infancia y con aquellas palabras debía – frente a otras que mantienen su cotización mentirosa – saldar cuentas con un pasado impertérrito. Frente a él estaba solo, con ese sentimiento de incompletud que nace en el fracaso de un sentimiento de integración plena. Sentimiento que se potenciaba ante la dura evidencia de que habría ya cosas que no recuperaría jamás. Debía decir con palabras sentimientos que aunque otros quisieran tachar les fuera imposible. Y ese lenguaje debía ser hijo de la memoria, con ella se iniciaba la justicia. Y aunque la palabra se había emputecido y sus diáfanas significaciones había perdido su transparencia inicial, yo debía insistir con ellas. George Steiner, en un ensayo titulado El vacío milagroso, me advertía: “Usen una lengua para concebir, organizar y justificar Belsen; úsenla para prescribir detalles para las cámaras de gas, úsenla para deshumanizar al hombre durante doce años de calculada bestialidad. Algo les ocurrirá. Hagan de las palabras lo que Hitler y Goebbels y cientos de miles de Untersturmführer hicieron; vehículos de terror y falsedad. Algo les ocurrirá a las palabras. Algo de las mentiras y el sadismo se penetrará en la médula del lenguaje. Imperceptiblemente al comienzo, como los venenos de radiación penetran en el hueso. Pero el cáncer comenzará y sembrará la destrucción. La lengua no podrá ya crecer y reverdecer. No podrá ya desempeñar, como hiciera antes, sus dos principales funciones: la transmisión del orden humano que denominamos ley y la comunicación de lo vivo del espíritu humano que llamamos gracia”. Pese a esta profecía deletérea y este diagnótico doloroso, yo debía insistir en las palabras. Porque la violencia que ejercen los regímenes totalitarios no es sólo física sino metafísica: el objetivo último, como lo ha comprobado la historia, no es la desaparición física de un sujeto sino la aniquilación de su memoria, a quien se pretende evaporar del proceso de los vivos y, aún más, que su presencia en la tierra nunca hubiera sucedido. Las fotos que portaban las madres de Plaza de Mayo eran la prueba inequívoca de que aquellos seres habían existido realmente y de que cada uno, desde sí mismo, era insustituible. Todo totalitarismo tiene como énfasis esencial ese intento de borradura, el quebrar al individuo no sólo físicamente sino en su propia vida interior, borrar la continuidad del propio yo y hacer de ese individuo un nadie, una brizna casual, un muerto sin muerte. Era como arrojar al individuo a una historia sin historia, a una catacumba sin nombre. Al ninguneo. Disolverlo. Esfumarlo. 
Poner nuestra memoria en sus rastros, usar de la palabra como denuncia y redención, es una de las luchas más hondas que podemos llevar contra los nazismos de diverso cuño que han habitado – y habitan – nuestro universo. Y debo reconocerlo, entre esos nazismos descubrí, en la progresión de mis días y de sus anécdotas vitales, que el totalitarismo no era sólo monopolio de la derecha sino que la izquierda, por la cual yo había apostado, contenía en sus entrañas otra manera del antisemitismo, aquel que disfrazado de cuestionamiento de Israel, de su derecho a la vida disfrazado de crítica política, de su lucha por su propia liberación nacional calificada como racista, sostenía, al fin de cuentas, iguales prejuicios. Naturalmente que se debe combatir toda forma de totalitarismo e incluso criticar un gobierno que toma medidas reaccionarias, pero lo que está prohibido para un auténtico hombre de izquierda es hacer de gobierno y pueblo sinónimos siniestros para justificar un prejuicio – inconsciente o no – vestido de racionalización ideológica. Gabriel Albiac cuenta una anécdota que quiero traer a estas páginas por su significación pertinente: “Hace ya varios días que la pintada estaba ahí, frente a mi ventana. ¡Muerte a los judíos! La firmaba no sé qué fracción extrema de Falange. Me había habituado a verla como parte del paisaje. Ya, la verdad, ni la veía. Esta mañana noté algo raro. Me fijé más. Alguien había tachado la firma. La había sustituido por las siglas de un grupo de izquierda radical. El texto permanecía intacto.”
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*Arnoldo Liberman (Entre Ríos, 1933) es médico psicoanalista, crítico de arte y escritor. Reside en Madrid desde hace 30 años.Es autor de poemarios y ensayos, entre estos últimos se destacan: Grietas como templos: biografía de una identidad (1984), Freud, el judío que regresó de Egipto (1990), Música. El exilio acompañado (2000) y Exodo y exilio. Saldos y retazos de una identidad (2006) del cual que se extrajo este fragmento. Es colaborador habitual de Raíces, revista judía de cultura - de la que ha sido miembro fundador-, y de otras publicaciones, con ensayos sobre temas psicológicos y artísticos. Ha recibido prestigiosos premios por sus obras. 
Exodo y exilio (Editorial Sefarad, 2006) está disponible en nuestra Biblioteca.

Ciclos culturales

LA AVENTURA DEL ARTE MODERNO EN LA ARGENTINA"
Una visión integradora de las artes en nuestro país
a cargo del Arq. Adrián Barcesat

Un recorrido por la totalidad de las manifestaciones artísticas de nuestro país, desde 1880 hasta la actualidad, a través de material audiovisual que ilustra la pintura, la escultura, la música, la arquitectura, la danza, la poesía y el cine del período.

Parte I (8 clases)
De arte de la generación del ´80 a la vanguardia concreta de los ´40

Programa:
1. El arte de la generación del ´80
Civilización o barbarie como paradigma fundacional
La infancia del tango

2. La renovación académica
El nacionalismo como patrón cultural en el Centenario
La aparición del cine y el relato oligárquico

3. Antiacademia y Modernismo
El impresionismo periférico y las reacciones antiacadémicas
Art nouveau

4. La Modernidad periférica I
El grupo Florida y Martín Fierro
El cubismo, la vuelta al orden y el art decó

5. La Modernidad periférica II
El Grupo de París y los neorománticos
El nacionalismo musical
Borges y “Luna de enfrente”

6. La emergencia de lo social I
Boedo y lo popular urbano
Lo latinoamericano en la pintura
La Guardia Nueva en el tango

7. La emergencia de lo social II
El realismo crítico en pintura
La impronta de Siqueiros
Discépolo y Manzi
La novela moderna: Arlt

8. La gestación del país moderno (1940-1955)
El surrealismo y las vanguardias concretas rioplatenses
Maduración del nacionalismo musical / Alberto Ginastera
Orquestas típicas, cantantes y autores
Los intelectuales de Forja y la emergencia de los sectores populares
Le Corbusier y la vivienda social
El cine entre la comedia rosa y la denuncia social

Comienza el lunes 25 de agosto
Los Lunes, a las 18.30 hs.
Lugar: Biblioteca Popular “Alberto Gerchunoff”
Informes e inscripción en Biblioteca o cultura@hebraica.org.ar
Actividad gratuita para socios

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CICLO DE CINE Y LITERATURA
A cargo de Mario Méndez

Por séptimo año consecutivo, conjuntamente con el Programa Bibliotecas para Armar de la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad:

Escritores que hacen cine”
Análisis y debate de los films. Se exhibirá Wakolda, Ardiente Paciencia,
Los hombres duros no bailan, Rapado, Teorema, La mujer zurda, entre otros.

Comienza el martes 26 de agosto
Los Martes, a las 19.00 hs.
Lugar: Biblioteca Popular “Alberto Gerchunoff”
Informes e inscripción en Biblioteca o cultura@hebraica.org.ar
Actividad libre y gratuita

jueves, 31 de julio de 2014

IV Feria del Libro Judío



IVª FERIA DEL LIBRO JUDÍO

DAVAR: LA PALABRA Y EL VERBO”


La Sociedad Hebraica Argentina invita a la IVª Feria del Libro Judío que se realizará en la institución del 4 al 8 de agosto de 2014. Así, la Feria vuelve a convocar a distinguidas personalidades de la cultura, a librerías, instituciones y editoriales, de tal manera de transformarse una vez más en un acontecimiento para la Ciudad de Buenos Aires. Ofrecerá un programa de actividades, conferencias y presentaciones de libros.

Participarán en las actividades de la Feria: Marcos Azerrad, Ana Berezin, Marcelo Birmajer, Enrique Burbinski, Mario E. Cohen, Edgardo Cozarinsky, Saúl Drajer, Ricardo Feierstein, Ricardo Forster, José Milmaniene, María Gabriela Mizraje, Silvia Plager, Daniel Rafecas, Ana María Shua, Natan Sonis, Diana Sperling, Sergio Wider, Martha Wolff, entre otros.


Desde el lunes 4 al viernes 8 de agosto, de 17 a 21 hs.
Sociedad Hebraica Argentina: Sarmiento 2233, Hall Central y Café Literario
Informes: 4127-2273
www.hebraica.org.ar
ENTRADA LIBRE Y GRATUITA
Expositores: Acervo Cultural – Biblioteca Popular “Alberto Gerchunoff” - Centro Ana Frank Argentina - Cidicsef - Editorial Milá (AMIA) – Fundación IWO - Librería Santa Fé – Librería Sigal – Museo del Holocausto - Seminario Rabínico Latinoamericano - Editorial Kehot – Ediciones De la Flor – Ediciones Lumiere.

Programa de Actividades: Agenda día por día


LUNES 4

18,00 hs - Inauguración a cargo del Presidente de Hebraica y los escritores Martha Wolff
y Marcelo Birmajer.


19,00 hs. - Presentación del libro “Kafka: clave de una crisis” de Natán Ofek. A cargo de
María Gabriela Mizraje, Ricardo Feierstein, Alejandro Droznes y Gerardo Mazur.


20,00 hs. -Conferencia: “Maimónides en el siglo XXI, ética para la vida cotidiana” a cargo del
Dr. Mario E. Cohen - Cidicsef.
Canciones Sefaradíes por Clara Baigras Kofman
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MARTES 5

18,00 hs – Presentación del libro “Abuela. La historia de Rosa Roisinblit” de Marcela Bublik, a
cargo de Sergio Wider, Director del Centro Wiesenthal.


19,00 hs. - Presentación del libro “Filosofía para armar” de Diana Sperling, a cargo de la autora.


20,00 hs. - Conferencia: “Psicoanálisis y judaísmo” a cargo del Dr. José Milmaniene.


20,45 hs. - Proyección del documental “Carta al padre” de Edgardo Cozarinsky, con la presencia del director.

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MIÉRCOLES 6

18,00 hs. – Conferencia a cargo del Dr. Daniel Rafecas sobre su libro “Historia de la Solución Final”.


19,00 hs. - Conferencia: “Literatura infantil. De dónde viene y hacia dónde va” a cargo de
Ana María Shúa.


20,00 hs. - Conferencia: “Cuatro escritoras judeo-argentinas: entre la tradición y los tiempos
modernos” a cargo de Pablo Freinkel. En Biblioteca.

20,00 hs. - Conferencia: “Los cruces del judaísmo” a cargo de Ricardo Forster.


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JUEVES 7

17,00 hs. - Conferencia: “Marcello Finzi, jurista italiano de origen judío” a cargo del Dr. Adolfo
Kuznitsky.
- Conferencia: “Etica hebraica y Psicoanálisis” a cargo de la Dra. Silvia Lef.
- Presentación del libro “Judíos sefardíes: Pioneros de la inmigración” del Dr. Marcos
Azerrad, a cargo del Dra. Kuznitzky, la Dra. Lef y el autor.


19,00 hs. Conferencia: “Literatura y discriminación” a cargo de Silvia Plager.

20,00 hs. Conferencia: "El barrio judío en la ciudad literaria latinoamericana" a cargo de Ricardo Feierstein.

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VIERNES 8

18,00 hs. Lectura de cuentos y debate: Identidad judía, una constucción permanente a
cargo de Myriam Boclin, escritora.

19,00 hs. - Presentación del libro “Desafíos en la frontera. Crónica de siete años de trabajo con refugiados latinoamericanos de HIAS” de Ana Berezin. A cargo de la autora en diálogo con Mariana Wikinski y Enrique Burbinski.

19,00 hs. Conferencia: “Teatro idish en Buenos Aires” a cargo del Dr. Saúl Drajer. En Biblioteca


20,00 hs. - Conferencia: “Janán Nudel: Maestro de la vida” a cargo de Natán Sonis.

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DAVAR: LA PALABRA Y EL VERBO”. Davar es el nombre que la Hebraica, a través de su socio Alberto Gerchunoff, dió a su revista literaria, desde su aparición en 1945 hasta la última edición en 1992. Se transcribe aquí un fragmento del texto que acompañó a todos los números de la revista y que determinó, de alguna manera, el espíritu de esta Feria.
...Bajo el signo de DAVAR que en hebreo designa la Palabra y su matiz y dignidad del Verbo, aparece esta manifestación nueva de viejos propósitos. La fisonomía de DAVAR estará determinada por la convicción de que el arte y la cultura, expresión vital de los pueblos, pueden y deben ser instrumentos para perfeccionar las formas de la convivencia humana.”

viernes, 25 de julio de 2014

Misceláneas judías para la pausa del Sábado

27 de Tamuz de 5774

¡Basta!
A propósito del conflicto palestino-israelí

No tenemos dudas en decidir de qué lado estamos. Pero dejémoslo claro. No es tan simple la obvia elección. Cuando decimos, con las vísceras sobre la mesa, para que las palabras queden grabadas en el espacio y en el tiempo, no hablamos sólo de Israel. Aparecen en el mismo momento, una proliferación de conceptos que son vivencias, que pueblan los recintos diastólicos de nuestra existencia. Es la historia, es un sueño de 2.000 años que en el ´48 se hizo posible. Es un país nuevo con pasado milenario que nos incumbe y que no se contradice; son los valores que circundan y protegen la vida ante cualquier circunstancia. Digámoslo otra vez, con más fuerza, si cabe: protegen la vida. Proteger la vida en la tierra del pueblo judío. ¿De qué se trata esta forma de protección en estos momentos? Pongamos un ejemplo. Elijamos el país que uno quiera. El nuestro u otro conocido. De pronto caen sobre su geografía, día tras día, centenares de misiles cargados de muerte, para dar cumplimiento a una consigna de origen: destruirlo, matar a su gente, arrojarlos de la tierra. Es la principal meta del agresor. Es una necesidad potenciada por el fanatismo en un encuadre religioso que no admite la más mínima alteración. De cara a ello, los muertos que podría provocarles este delirio, pareciera carecer de importancia. Por el contrario: son héroes. ¿Cuál sería la respuesta a semejante agresión? No son muchas. Destruir los emplazamientos de los misiles, esten donde esten. Pero si hablamos de Hamas, los hechos se complican mucho. Hasta lo inverosímil. Los misiles se disparan desde lugares habitados por civiles: hombres, mujeres, niños, familias, escuelas, hospitales. ¿Cómo se llega a programar de esta manera?
Ninguna contienda conocida, antes y ahora, llegó a tal grado de locura. Hamas expone al pueblo palestino en lugar de protegerlo. Una minoría de terroristas usa como refugio a su propia gente. Difícil pensar en un encuadre más siniestro. La tragedia ya no es shakespiriana. Es entre pueblos. Israel no tiene otra alternativa que defender a su gente. Toma partido en representación de la vida en un encuadre que desata la muerte. Israel tiene enorme experiencia en cuidar la vida de sus habitantes judíos o árabes o quienes sean. Sin diferenciarlos. Un sólo muerto es una tragedia irreparable.
La historia ha demostrado hasta el hartazgo que si el terrorista no mata, se queda sin tarea. No tiene sentido su existencia. La paz no figura en ninguno de sus planes. Primo Levi se preguntaba ¿si esto es un hombre? La dramática respuesta es afirmativa. Golda decía: “nunca les perdonaré que nos obliguen a matar a su propia gente."
Volvamos al principio:
La Declaración de la Independencia del Estado Judío dice en uno de sus párrafos: “Ofrecemos la paz y la amistad a todos los Estados vecinos y sus pueblos y los invitamos a cooperar con la Nación judía e independiente para el común beneficio de todos...”
Desde la guerra de liberación a la fecha no ha habido un sólo día real de paz. Esa fue y sigue siendo la tremenda respuesta.
Estos contenidos reflejan sumariamente algunos aspectos del acontecer geopolítico de Medio Oriente.
Pero, cuando hablamos de tragedia, a partir de la más elemental consigna humanista, la confrontación bélica en sí, por más consideraciones y responsabilidades que se hagan, tiene como hecho central e ineludible a la muerte. Esto es una resultante que atañe, en definitiva, a ambos pueblos. La pregunta en el trágico siglo XX y ahora entre israelíes y palestinos es: ¿Cuántos muertos se necesitaran para que esto llegue a su fin? ¿ Es la única forma?

Permítanos apelar a un profeta de la paz. A Itzjak Rabin*1, asesinado por defenderla:
Nosotros, los soldados que hemos visto a nuestros compañeros y amigos asesinados delante de nuestros ojos, nosotros que hemos asistido a sus funerales y no podemos mirar a sus padres a los ojos, nosotros que hemos venido de una tradición en que los hijos entierran a sus padres, nosotros que hemos luchado contra ustedes los palestinos, nosotros les decimos en voz fuerte y clara: ¡Basta!
Nosotros, como ustedes, somos personas que quieren construir un hogar, plantar un árbol, amar, vivir dignamente, con empatía, como seres humanos, como hombres libres. Hoy estamos dando una oportunidad a la paz...” *2


Gerardo Mazur



*1 Visitante ilustre . Estuvo en Hebraica en 1970. En el Teatro SHA, nos habló de la paz.
*2 Fragmento de su discurso sobre la coexistencia.




jueves, 17 de julio de 2014

Misceláneas judías para la pausa del Sábado

18 de julio de 1994 - 18 de julio de 2014
20° Aniversario del Atentado a la AMIA


Salí, cerré la puerta / sin ocurrírseme que desaparecería de inmediato/
y con ella, la casa entera; / que un edificio pueda tan sencillamente desatarse /
y desparramar sus muros y cristales; / que en un instante pueda consumirse /
todo aquello que levantara el hombre, / todo lo que entibiara con sus manos....

                                                                                            Rojl Boimvol, 1942
                                                                                         Traducción de Eliahu Toker

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Rojl Boimvol nació en Odesa, Ucrania en 1914. Hija de un hombre de teatro, estudió en la Universidad de Moscú, ciudad en la que vivió hasta 1971, colaborando en la revista Sovietish Heimland y publicando poemas y relatos. En 1971 se trasladó a Israel con su marido, el poeta Zioma Teliesin.

viernes, 11 de julio de 2014

Misceláneas judías para la pausa del Sábado

13 de Tamuz  de 5774

El Rabino de Isaak Babel

-...Todo es mortal. La vida eterna sólo es patrimonio de las madres. Y cuando una madre ya no es de este mundo, deja de sí un recuerdo que nadie ha osado aún infamar. El recuerdo de la madre alimenta nuestra compasión, como el océano, el inconmensurable océano, alimenta los ríos que cruzan por todas partes de la Tierra...
Estas palabras pertenecen a Guedali. Las pronunció con aire de gravedad. La tarde, moribunda, le envolvía en el rosado humo de su melancolía. El anciano dijo:
- Las ventanas y las puertas de la ardiente mansión de hasidismo han sido arrancadas, pero éste es inmortal como el alma de una madre... Con los ojos anegados, el hasidismo continúa aún de pie en la encrucijada de los vientos de la historia.
Así dijo Guedali, y después de rezar en la sinagoga me condujo a casa del rabino Motale, el último rabino de la dinastía de Chernobilsk.
Subí con Guedali por la calle mayor. Blancas iglesias resplandecían en la lejanía como campos de alforfón. Tras la esquina gemía una rueda de cañón. Salieron de un portal dos ucranianas embarazadas luciendo tintineantes collares y se sentaron en un banco. Se encendió una tímida estrella en medio de los anaranjados combates del crepúsculo, y una gran calma, la calma del sábado, descendió sobre los torcidos techos del ghetto de Zhitomir.
- Es aquí – musitó Guedali indicándome una alargada casa de fachada destrozada.
Entramos en la habitación, enlosada y vacía como un depósito de cadáveres. El rabino Motale estaba sentado junto a una mesa, rodeado de posesos y falsarios. Llevaba un gorro de marta cebellina y una bata blanca ceñida con un cordón. El rabino tenía los ojos cerrados y hundía sus flacos dedos en la pelusa amarilla de su barba.
- ¿De dónde ha llegado el hebreo? - preguntó levantando los párpados.
- De Odessa – respondí yo.
- Piadosa ciudad – manifestó el rabino -, estrella de nuestro desierto, involuntario pozo de nuestras calamidades... ¿Cuál es la ocupación del hebreo?
- Pongo en verso las aventuras de Hersch, el de Ostropol.
- Importante trabajo – murmuró el rabino cerrando los párpados-. El chacal gime cuando está hambriento, cualquier tontulo dispone de la tomtería necesaria para el abatimiento, sólo el sabio desgarra con su risa el velo de la existencia... ¿Qué ha estudiado el hebreo?
- La Biblia.
- ¿Qué busca el hebreo?
- Un poco de alegría.
- Reb Mordje – dijo el maestro sacudiendo la barba -, que el joven ocupe un puesto en la mesa, que coma con los demás hebreos en esta tarde del sábado, que se alegre de estar vivo, y no muerto, que bata palmas cuando sus vecinos bailen y que beba vino si le sirven vino...
Se me acercó con presteza reb Mordje, antiguo payaso de párpados vueltos hacia afuera, vejestorio giboso cuya estatura no superaba la de un niño de diez años.
- ¡Ay, mi querido y joven amigo! - exclamó el harapiento reb Mordje, guiñándome -. ¡Ay, cuántos imbéciles ricos no habré conocido en Odessa! ¡Y cuántos sabios indigentes no conoceré en Odessa! Sentaos a la mesa, joven, y bebed el vino que no os van a servir...
Nos sentamos todos, unos al lado de otros, los posesos, los falsarios y los mirones. En un rincón gemían sobre sus libros de rezo unos hebreos anchos de espaldas, semejantes a pescadores y a apóstoles. Con la levita verde, Guedali dormitaba junto a la pared como un pajarillo de colores abigarrados. De pronto vi a un joven detrás de Guedali, a un joven con el rostro de Spinoza, con la poderosa frente de Spinoza, y con la marchita cara de una monja. Fumaba y temblequeaba como el fugitivo que es llevado a la cárcel de una persecución. El harapiento Mordje se le acercó furtivamente por detrás, le arrancó el cigarrillo de la boca y se retiró corriendo hacia mí.
- Es el hijo del rabino Iliá – afirmó con voz ronca Mordje acercando a mí la sangrante carne de sus párpados desgarrados -. Es el hijo maldito, el último hijo, el hijo rebelde...
Y Mordje amenazó al joven con el puño y le escupió en la cara.
- Bendito sea el Señor – sonó entonces la voz del rabino Motale Bratslavski, que partió el pan con sus dedos de monje -, bendito sea el Dios de Israel que nos escogió de entre todos los pueblos de la Tierra...
El rabino bendijo los alimentos y nos sentamos a comer. Tras la ventana relinchaban los caballos y gritaban los cosacos. El vacío de la guerra bostezaba tras la ventana. El hijo del rabino fumaba un cigarrillo tras otros entre silencios y oraciones. Cuando terminó la cena, me levanté antes que nadie.
- Mi querido y joven amigo – murmuró Mordje desde mis espaldas tirándome del cinto -, si en el mundo no hubiera más que ricos malvados y mendigos vagabundos, ¿de qué vivirían los buenos?
Entregué dinero al anciano y salí a la calle. Me despedí de Guedali y me fui a mi alojamiento, a la estación. En ésta, en el tren de la Sección de Propaganda del primer Ejército de Caballería, me aguardaba el resplandor de cientos de luces, el mágico brillo del puesto de radiotelegrafía, la tenza carrera de las máquinas tipográficas y el artículo que debía terminar para El Jinete Rojo.

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Isaak E. Bábel nació en una familia de origen judío en el gueto de la ciudad de Odesa en 1894, durante un período de desasosiego social en el que tuvo lugar el éxodo masivo de muchos judíos del Imperio ruso. Bábel sobrevivió un brutal pogrom ocurrido en su ciudad natal con motivo de la Revolución rusa de 1905, salvando la vida con la ayuda de vecinos cristianos que dieron refugio a su familia. Para ingresar en las clases preparatorias del Instituto Comercial Nicolás I, Bábel tuvo que sobresalir en la "cuota" judía, diseñada por el régimen zarista para excluir a un gran sector de la juventud judía de la educación superior. Más tarde debió completar sus estudios en su casa.  También estudió Talmud, música clásica, estudió el idioma y la literatura franceses. Lector y admirador de la literatura de Flaubert y Maupassant, Bábel comenzó escribiendo sus primeros cuentos en francés.
Después de tratar de postular en vano a la Universidad de Odesa (donde también se le impidió el ingreso por razones de "cuota para judíos"), Bábel ingresó en el Instituto de Comercio de Kiev. En 1915 Bábel se graduó y se trasladó a Petrogrado, hoy San Petersburgo, desafiando las leyes zaristas que ordenaban el confinamiento de los judíos en la "Zona de Asentamiento". Se convirtió en periodista y dramaturgo. 
Vió en la Revolución de Octubre la posibilidad de unir sus dos “patrias”: las raíces judías y su amor por la Madre Rusia. Luego de enrolarse con nombre falso en un regimiento de cosacos y retratar magistralmente la vida en el frente de batalla (Caballería Roja) y el submundo del hampa en su ciudad natal (Cuentos de Odessa), se convirtió en uno de los modelos de la naciente literatura soviética. Pero, en 1939, la policía secreta de Stalin lo arrestó, lo obligó bajo tortura a declararse culpable y lo ejecutó. 
El relato que aquí se reprodujo corresponde a Caballería Roja .