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sábado, 20 de septiembre de 2014

Misceláneas judías para la pausa del Sábado

24 de Elul de 5774

En vísperas de Rosh Hashaná, transcribimos una reflexión del filósofo francés Stéphane Moses*, sobre la concepción judía del tiempo:



En el caso del judaísmo, el tiempo detenido tiene también, y quizá ante todo, un objeto diferente, que es anular la distancia – aunque sea incalculable – que separa el presente del futuro más lejano, es decir, de la meta ideal del proceso histórico. Solo un tiempo absolutamente sincrónico puede permitir actualizar el futuro más lejano en el fulgor del instante presente, es decir, anticipar la Redención. Esta anticipación equivale en cierta forma a una extraña aceleración del tiempo, ya que lleva a suprimir el intervalo entre dos puntos que, sobre un eje horizontal, podrían estar infinitamente alejados uno de otro. Esta forma específica del tiempo religioso produce un efecto eminentemente paradójico: la inmovilización del tiempo podría ser igual a su infinita aceleración. Esta paradoja está en el centro de la experiencia religiosa del pueblo judío: desde hace dos mil años, su existencia congelada, al margen de la historia, casi anacrónica, lo ha mantenido en la proximidad inmediata, no solo de sus mitos fundadores sino también del término mesiánico de la historia. Es más: porque su pasado más lejano ha estado siempre más presente que la actualidad más inmediata, la realización de sus esperanzas, incluso las más quiméricas, siempre le ha parecido cercana. En el orden de este efecto paradójico se encuentra una experiencia religiosa absolutamente específica: la de la contracción del tiempo. Es lo que provoca la contemporaneidad absoluta del pasado, del presente y del futuro. La posibilidad de ver realizadas las promesas mesiánicas desde este momento viene de una técnica espiritual milenaria, de una familiaridad ancestral con la experiencia interior de la condensación, en un punto único, de las tres dimensiones del tiempo.

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Stéphane Mosès 

Nacido en Alemania en 1931. En 1937 emigró con su familia a Marruecos. Estudió en París; obtuvo una licenciatura en alemán y un doctorado en la École Normale Supérieure. Fue profesor en la Sorbona y en la Universidad de París-Nanterre. En Israel, donde se instaló en 1969, dictó clases de literatura alemana y de literatura comparada en la Universidad Hebrea de Jerusalém, de la que fue profesor emérito. Falleció en Paris en 2007.

El fragmento corresponde a su libro El Angel de la historia, `Rosenzweig, Benjamin, Scholem` .
Los tres autores que aparecen en el subtítulo de la obra imaginaron en la Alemania de los años 20 una nueva visión de la historia que ponía en escena la idea de utopía mesiánica y 
se han ocupado, durante la primera mitad de nuestro siglo, en cuestionar la idea de la historia como una totalidad continua, evolutiva o progresiva, guiada por una misión y una finalidad. Han propuesto, por el contrario, la irrupción de lo que Benjamin denomina «el Ángel de la Historia»: una serie de instantes discontinuos, presentes y absolutos, que no se dan ni como síntesis del pasado ni como espera del futuro en tanto teleología del presente. Ante el espantoso espectáculo de un Occidente entregado a la guerra, estos pensadores cedieron a la lógica de la guerra misma, que es la negación de la historia, pues instaura la discontinuidad radical de la muerte y el imperio del hecho puro, aniquilante.
Puede entenderse que el tiempo de la vida humana está hecho de instantes inconexos y aislados, pero esta concepción es incompatible con cualquier idea de historia. La pura y radical discontinuidad carece de historia, es el éxtasis del instante que «descubrieron » los posmodernos.
Mosés propone explicar estas actitudes angelicales ante lo histórico como expresiones del pensamiento mesiánico judío: cada interrupción del tiempo es un episodio redentor que replantea la necesidad de la utopía como plenitud ideal del presente, y da lugar a la esperanza en un escenario apocalíptico.

Angelus Novus de Paul Klee

Paradójicamente de las ruinas de la razón histórica puede surgir la esperanza. Mosés se sitúa bajo el ideal del Angelus Novus de Paul Klee para orquestar una reflexión esencial sobre la utopía. 
Con ello, desde luego, se restaura el problema del sentido, sin el cual la utopía tampoco existe.

SHANÁ TOVÁ UMEVORAJAT!

jueves, 18 de septiembre de 2014

Un diálogo interdisciplinario

"Criminis causae I: un otro diálogo interdisciplinario
entre Jack Fuchs y Silvia Lef"

Jack : Me interesa muchísimo debatir contigo acerca de un tema
crucial.¿Por qué el ser humano mata, asesina? Siempre busca una excusa
para hacerlo y justificar el delito.
En rigor, mata por matar, aunque quiere hacer aparecer el
crimen como obediente a tal  o cual causa que lo excusaría de
responsabilidad. Este tema me desvela : el por qué arrasar con la vida
del otro, del semejante. ¿Por qué el hombre desde que es hombre elimina
a aquel a quien rechaza, persigue y no perdona al semejante que posee
otro origen y/o predica otra creencia?

Silvia : Este espacio dialógico de hoy se nombrará "Criminis causae I:
un diálogo interdisciplinario" y dado este tema que proponés y que nos
permitirá re-pensar en conjunto el entrecruzamiento de discursos 
acerca de los delitos y sus diversas causas. 
Propongo como un primer  eslabón,  definir lo que en
el Código Penal se comprende como este delito especial contra la vida,
"homicidio criminis causae",  según la doctrina interpretativa del
derecho penal que propone Eugenio Zaffaroni, quien fuera docente mío
de criminología cuando estudié psicología y de derecho penal cuando
estudié abogacía, ambas carreras en la U.B.A.

Jack : Este tema me ha ocupado siempre, metódica y sistemáticamente.
Cuando era chico ya escuchaba acerca de los crímenes de guerra, del
ataque de unos seres humanos contra otros y siempre fue para mí un
enigma desentrañar esa cuestión. Fijate que hace más de setenta 
años de la Schoá y aún es incomprensible lo que ha sucedido.

Silvia: crimen/criminis, acusación,inculpación, culpa, delito, crimen.
          causa/causae, causa, motivo, razón.

Jack :¿Qué podremos descubrir a través de nuestro intercambio?

Silvia: Según la opinión de Zaffaroni, el "homicidio criminis
causae" tiene un elemento subjetivo del tipo distinto del dolo, pues el
autor en este delito tiene en vista una acción que no necesariamente
debe concretar, como es el caso del homicidio para facilitar otro delito. 
Este elemento subjetivo consiste en una ultrafinalidad, modalidad
correspondiente a delitos incompletos de dos actos. En doctrina se
encuentra ampliamente aceptado que el artículo 80, inciso 7, del
Código sustantivo requiere para su existencia una finalidad en el
infractor, siendo la misma sólo compatible con el dolo directo. En
dogmática, la mayor consecuencia de este reconocimiento es que cuando
concurre una circunstancia de esta naturaleza el delito no puede
atribuirse al dolo eventual. Cuando el homicidio es causado con miras
a preparar, facilitar o consumar otro delito, este último siempre
deberá ser doloso, ya que de la misma lectura surge que el
infractor deberá conocer y comprender tanto el accionar homicida como
el otro accionar delictual. En cambio, en el supuesto que el homicidio
sea causado a fin de ocultar u obtener impunidad de otro delito
anterior, podrá tratarse de un delito doloso, culposo o
preterintencional.

Jack: ¿Qué sería el homicidio criminis causae?

Silvia: El "criminis causae" sería el homicidio en conexión 
ideológica con otro delito. Se mata "para" o "por" otro delito. 
En la figura típica del artículo 80 inciso séptimo hay un agravamiento 
del homicidio por la flagrante intencionalidad de cometer el injusto y la
presencia manifiesta del elemento cognitivo de criminalidad del acto
por parte del autor del crimen, de modo tal que no deja lugar a dudas
que se trata de un accionar conciente del infractor a la norma
punitiva.
¿Fraticidio, incesto, parricidio, robo de primogenitura en nuestra Torah?
¿Qué otros crímenes encubre cada uno de estos?

Jack : En el próximo, te narraré ejemplos en los que
pienso día a día cuando me confundo  con otros y veo los intereses
cruzados en la realidad cotidiana. Me gustaría hablar contigo del
Decálogo, del derecho positivo y de la cotidiana realidad.
Fijate Caín, primer fraticida, podría representar a cualquier otro
como semejante

Silvia: En nuestra Torah se previene venganza contra ese homicidio 
calificado por el vinculo.
En idéntica orientacion, Freud diría en "Totem y Tabú", "No matarás a
tu hermano", como predecesor de "No matarás".

viernes, 12 de septiembre de 2014

Misceláneas judías para la pausa del Sábado

17 de Elul de 5774
 
Mi vida (fragmento)
de Marc Chagall

Para mí, la casa del abuelo se llenaba de los sonidos y olores del arte.
Por las pieles, colgadas como sábanas.
En la oscuridad de las noches, me parecía que no eran sólo los olores, sino todo un rebaño de felicidad, agrietando las planchas, volando en el espacio.
Degollábamos las vacas con crueldad. Yo lo perdonaba todo. Las pieles sagradas se secaban, proferían amables plegarias, rezaban al techo celestial para que los verdugos expiaran sus pecados.
Mi abuela me alimentaba con una carne asada de manera especial, frita o cocida. ¿Qué era? No lo sabía exactamente. Tal vez la barriga, el cuello, o las costillas, el hígado, los pulmones. No lo sabía.
Así que, en aquellos tiempos, yo era especialmente tonto y, según creo, feliz.
Abuelo, todavía me acuerdo de ti.
Un día que se topó de frente con un dibujo de una mujer desnuda, se dio la vuelta, como si no tuviera nada que ver con él, o como si fuera una estrella desconocida en la plaza del mercado, de la que los habitantes no quisieran saber nada.
Y entonces entendí que mi abuelo, así como la abuelita arrugada y todos mis parientes despreciaban por completo mis cuadros (¡vaya arte, que no consigue ningún tipo de parecido!) y que apreciaban más la carne.
He aquí otra cosa que me contó mi madre de su padre, mi abuelo de Lyozno. O tal vez lo he soñado.
Las fiestas de “Suckess” o de “Simchass- Torá”.
Le buscamos por todas partes.
¿Dónde está, dónde está?
Se ve que con el buen tiempo que hacía, el abuelo se había subido al tejado, se había sentado encima de las tuberías y se estaba zampando una zanahorias. No está mal para un cuadro.
No me importa que la gente, con satisfacción y alivio, descubra, en estas aventuras inocentes de mis parientes, el secreto de mis cuadros.
¡Qué poco me interesa eso! ¡Mis queridos conciudadanos, como queráis!
Todavía os contaré, por si os faltan pruebas para la posteridad de vuestra causa justa y de mi afrenta al sentido común, lo que mi madre me explicó de mis estupendos parientes de Lyozno.
Uno de ellos no tuvo mejor idea que pasearse por las calles del barrio, vestido sólo con una camisa.
¿Qué pasa? ¿Es espantoso?
El recuerdo de este sans-culotte llenará siempre mi corazón de una alegría soleada. Como si en la calle de Lyozno en pleno día hubiera resucitado la pintura de Masaccio, de Piero della Francesca. Me sentía próximo a él.
Pero no bromeo. Si mis obras no desempeñaban ningún papel en la vida de mis parientes, sí que, en cambio, sus vidas y sus invenciones ejercieron gran influencia sobre mi arte.
Sabéis, yo me embriagaba cerca del sitio que mi abuelo ocupaba en la sinagoga.
Pobre, desgraciado, cómo me daba la vuelta antes de llegar allí. Ante la ventana, con el libro de plegarias en la mano, contemplaba a gusto la vista de la ciudad, el día del Sabbat.
Bajo el zumbido de los rezos, el cielo me parecía más azul. Las casas descansan en su sitio. Y cada paseante se perfilaba con claridad.
A mis espaldas, empieza la plegaria e invitan al abuelo a pronunciarla ante el altar. Reza, canta, se repite melodiosamente y vuelve a empezar. Como si un molino de aceite girara en mi corazón. O como si una miel fresca, recién cogida, se derramara en mis entrañas.
Y, si él llora, me acuerdo de mi dibujo malogrado y pienso: ¿Seré un gran artista?
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Mi vida es el único libro que escribió Marc Chagall (Vitebsk, 1887- París, 1985). Sus palabras son como sus colores, felicidad y melancolía, verdad o ensueño, que alzan el vuelo con los personajes de sus cuadros, tan concretos como milenarios. Este libro dibuja los años trancurridos en Vitebsk, su humilde ciudad natal, en el seno de una familia entrañable, pobre, que utilizaba sus cuadros para sacudirse la tierra de los zapatos. Y más tarde, lo años de aprendizaje en San Petersburgo y Moscú  y más allá la bohemia de París.




Hasta el 29 de septiembre se exhibe en el hall de Hebraica, la exposición didáctica:
Chagall. Vida y obra”
                                                     

viernes, 5 de septiembre de 2014

Misceláneas judías para la pausa del Sábado

10 de Elul de 5774
Nuevo estudio sobre la cultura judeo-argentina

Una historia del libro judío de Alejandro Dujovne

Quien accediera a la biblioteca de un hogar judío en la Argentina del período de entreguerras habría encontrado obras escritas en ídish y editadas en Vilna, Varsovia, Moscú, Nueva York, Buenos Aires... ¿Qué puede decir esta condición transnacional acerca de la cultura judía del siglo XX? Alejandro Dujovne, doctor en Ciencias Sociales e investigador del Conicet, sigue los rastros de publicaciones y proyectos editoriales para iluminar una comunidad que, forzada a la diáspora y perseguida, hizo de la sensibilidad por la cultura impresa y por los libros, su “patria portátil”.

Desde la perspectiva de la sociología de la edición, el autor reconstruye el universo del libro judío de Buenos Aires desde sus primeros ensayos en la década de 1910 hasta mediados de los años ´70, tornando visible una trama compuesta por editores, intelectuales, traductores, mecenas, imprentas, instituciones comunitarias, partidos políticos, etc. La ciudad se afirmó como polo de traducción de obras de temática judía al castellano, y las elecciones de cada sello pusieron a prueba ideas políticas y expresiones culturales que dieron lugar a debates por la definición última, legítima, de lo judío.
Al desplegar el mapa exhaustivo de los desplazamientos materiales y los debates ideológicos, este libro se afirma como una obra de referencia para quienes quieran recuperar un capítulo insoslayable de la cultura judía argentina y como un disparador para preguntarse de qué modos se dirime en la actualidad, el futuro de esa cultura.


A continuación se transcribe un fragmento que el autor dedica a la SHA:


La Sociedad Hebraica Argentina
… la SHA fue, y continúa siendo hasta la actualidad, una de las principales instituciones de la vida judía argentina, cuyo nombre y modelo se exportaron a otros países de habla castellana. Su origen se remonta a 1909, con la fundación del Centro Juventud Israelita Argentina (CJIA). La mayor parte de los jóvenes que participaron en su creación habían vivido su infancia en las colonias agrícolas judías y migrado a Buenos Aires en busca del ascenso socioeconómico y la integración cultural que la universidad y, en segundo lugar, el comercio parecían garantizar.
...El CJIA deja paso en 1915 a la Asociación Juventud Israelita Argentina (AJIA) y en 1923 se crea una entidad paralela, la Asociación Hebraica, formada por algunas personas que habían participado en el CJIA. Si bien la AJIA y la Asociación Hebraica tenían un origen común, la segunda mostraba un perfil algo más elitista, tanto por sus integrantes como por las actividades que realizaba. Hacia 1926, la precaria situación económica en que se encontraban las llevó a fusionarse, dando nacimiento a la SHA, a la cual rápidamente se sumó un tercer grupo, el Ateneo Estudiantil Israelita.
La composición del Consejo Directivo y del Consejo Consultivo electos en 1927 revelan la extracción social y cultural del grupo inicial... En contraste con la mayor parte del colectivo judío de la época, que, al igual que otros colectivos inmigratorios, integraban trabajadores manuales y pequeños comerciantes, los impulsores de la SHA formaban una pequeña elite social y cultural.
Esta nueva entidad concentró las acciones de difusión cultural de las tres sociedades que la constituyeron. En la definición de su esfera de acción, y acorde con la posición de la elite liberal judía que la impulsaba, tanto la política como la religión quedaban excluidas. Entre sus propósitos específicos se contaban la difusión del conocimiento de la historia y la cultura judías y sus expresiones en la filosofía, la literatura, el arte y la ciencia; el fomento del idioma hebreo y la “literatura israelita”; la formación de una biblioteca especializada en estudios judíos y, a la vez, de cultura argentina; la edición de libros, y el desarrollo de “una acción sistemática encaminada a vincular la colectividad con los elementos superiores del país” (SHA, 1928).
… Entre El cristianismo precristiano, de 1924, y Tres ensayos sobre judaísmo... de 1959, última obra que logramos identificar, la SHA informó haber publicado treinta y siete títulos... En los treinta y cinco años que transcurrieron entre el primer y el último título, la editorial alternó entre tres tipos de obras: conferencias, traducciones y obras colectivas.
...Pese a lo extenso del período que abarcó, la editorial sostuvo una línea político-cultural identificable. Una veloz mirada a sus títulos revela que, aún con las profundas transformaciones históricas vividas por el judaísmo a escala nacional y mundial con el Holocausto y la posterior creación del Estado de Israel, la SHA propuso de manera consistente una concepción ética humanista de lo judío, de carácter liberal y secular.

La Biblioteca recomienda

La hija del sepulturero, Joyce Carol Oates

En 1936, los Schwart, una familia de inmigrantes desesperada por escapar de la Alemania nazi, se instala en una pequeña ciudad de Estados Unidos. El padre, un profesor de instituto, es rebajado al único trabajo al que tiene acceso: sepulturero y vigilante de cementerio. Los prejuicios locales y la debilidad emocional de los Schwart suscitan una terrible tragedia familiar. Rebecca, la hija del sepulturero, comienza entonces su sorprendente peregrinación por la «América profunda», una odisea de riesgo erótico e intrépida imaginación que la obligará a reinventarse a sí misma.
Joyce Carol Oates (New York, 1938) – una de las grandes figuras de la literatura contemporánea y firme candidata al Premio Nobel - ha creado una pieza magistral de realismo mítico y doméstico, excepcionalmente emotiva y provocadora: un testimonio íntimo de la resistencia del individuo.
«Novelistas como John Updike, Philip Roth, Tom Wolfe y Norman Mailer compiten por el título de Gran Novelista Americano. Pero quizás ellos se equivocan. Tal vez la Gran Novelista Americana es una mujer.» The Herald
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Los viajeros de la noche, Helene Wecker

El impresionante debut de Helene Wecker narra la historia de dos criaturas sobrenaturales en el Nueva York noche en que un horrible incidente las devuelve a sus universos respectivos.
de 1899. Chava es un golem, un ser hecho de arcilla al que dio vida un extraño hombre familiarizado con la magia negra cabalística. Cuando su amo muere a bordo en el trayecto transoceánico desde Europa, queda desorientada y a la deriva mientras el barco sigue su curso hasta el puerto de Nueva York. Ahmad es un genio, un ser de fuego nacido en el desierto de la antigua Siria. Atrapado en un viejo jarro de cobre por un hechicero beduino varios siglos atrás, es liberado por accidente en el taller de un hojalatero del Bajo Manhattan. En su lucha por abrirse camino en ese lugar nuevo y extraño, la golem y el genio procuran encajar con sus vecinos, todos ellos inmigrantes, encubriendo su verdadera naturaleza. Al conocerse por casualidad, las dos criaturas inician una improbable amistad, una unión quebradiza que desafía sus naturalezas opuestas, hasta la
Los viajeros de la noche, recibida con entusiasmo por la crítica y traducida a más de quince idiomas, aúna mitología popular, ficción histórica y fábula mágica, en un relato inolvidable y extraordinariamente imaginativo.
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En ausencia de guerra, Edgardo Cozarinsky

Una carta de 1977 encontrada en 2013 dentro de un libro de segunda mano… La llave de una caja de seguridad en un banco suizo, recibida de una persona muerta… De la pesadilla de la Historia resurgen los sueños traicionados y la especulación crapulosa de los años de plomo argentinos. En un presente donde todo se ha convertido en mercancía, los fantasmas de aquellos años convierten en vengadores a un escritor escéptico y a su amante, una joven anarquista. Cómplices improvisados, se internan en una trama de venganzas heredadas, siguiendo entre Ginebra y Montecarlo la pista del dinero sucio, ya atesorado, ya despilfarrado. Lo que pareció empezar al amparo de Henry James se les va tornando obsesiva novela negra e ingresan en un territorio donde impera la violencia reprimida que llevan dentro de sí.
Cozarinsky (Buenos Aires, 1939), escritor, cineasta y dramaturgo, demuestra una vez más la maestría de su prosa.





miércoles, 3 de septiembre de 2014

Novedades en la Biblioteca

Narrativa española y latinoamericana


Las nieves del tiempo, Marcelo Birmajer
En ausencia de guerra, Edgardo Cozarinsky
Chicas muertas, Selva Almada
El intenso calor de la luna, Gioconda Belli
Palito de naranjo, Angélica Gorodischer
La magia de la vida, Viviana Rivero
La Biblia de Barro, Julia Navarro

Literatura universal

Juego de espejos, Andrea Camilleri
La colmena de cristal, P. M. Hubard

La fiesta de la insignificancia, Milan Kundera
Paisaje de otoño, Leonardo Padura
Adiós, Hemingway, Leonardo Padura
La hija del sepulturero, Joyce Carol Oates
Noticias de la noche, Petros Márkaris
Los viajeros de la noche, Helene Wecker
Los bienes de este mundo, Irène Némirovsky
Cuando pase tu ira, Asa Larsson



Ensayos

El hambre, Martín Caparrós
Una historia del libro judío, Alejandro Dujovne
La travesía del abismo. Mal y Modernidad en Walter Benjamin, Ricardo Forster

"Diálogo entre dos mundos"

Por Jack Fuchs y Silvia Lef 
 
Jack:
¡Nuestros diálogos consisten en un verdadero trabajo que nunca me
gusta interrumpir!
Me encanta que siempre vengas y que no faltes por nada.

Silvia:
Irrenunciable,  insoslayable, indeclinable tarea. Pensar en conjunto,
pensar cada diferencia.
Hacer nuestro diálogo entre dos mundos es retar los
solipsismos y apostar a un "entre nos".
Jamás podría fallar a tamaño compromiso.

Jack:
 Es difícil aceptar que existe un mundo exterior
fuera de uno mismo. Además, ver que las creencias de uno son
diferentes de las del otro. Debo también admitir que mi modo de ver las
cuestiones difiere del tuyo. Eso es valioso. Hablar desde ahí,
increíble. Siento que debo contarte las cosas que pienso, aún
las que me suceden y así hablamos de ello sin prejuicio.

Silvia:
Prometimos colocar una contratapa tuya escrita para Página acerca
del levantamiento del Gueto de Varsovia  ¿Qué te parece si va en el
Diálogo de hoy en tu boca?
Allí esbozás tus ideas acerca de la guerra
como resistencia al nazismo y tu opinión sobre la
especie humana, quien rivaliza a ultranza atrapada en la permanente
pulsión cruel- thanática. Adherís al hobessianismo en su famosa 
fórmula "el hombre es el lupus/lobo del hombre", reinterpretada por Freud en pleno
Siglo XX, en el "Malestar en la Cultura".

Jack:
 Descreo de la especie humana y está bien que
 intercambiemos criterios. Vos le ponés creencia a nuestra
Palabra. ¿Creés en nuestros diálogos?
Una apuesta a mis ideales de juventud es re-dialogar contigo. Estoy
super agradecido por tu amistad. Me parece un privilegio. 
El  artículo de este año sobre el Levantamiento del Gueto de Varsvia, 
editado por Página 12 el 19 de Abril.  


"Otro 19 de abril, un aniversario más del levantamiento del Gueto de Varsovia"

    Este 19 de abril, como todos los 19 de abril, recordamos el
levantamiento del Gueto de Varsovia, y la obligación de esta memoria
abarca tanto a los héroes que lucharon como a todos los otros, los que
murieron en silencio, en la imposibilidad siquiera de pelear. Desde la
Noche de Cristal en noviembre de 1938 hasta la derrota del nazismo en
mayo de 1945, no hubo un día de esos terribles años en el que no
ocurrieron matanzas, deportaciones, vejaciones, destrucción y cada uno
de esos días merece un instante de recordación.

Es obligación recordar la inmensa riqueza de la vida en aquellas
pequeñas aldeas, pueblos, ciudades, la cultura y la lengua, el idish,
los hábitos y las costumbres de más de 5.000 comunidades judías que
formaron parte de Europa durante más de un milenio. La destrucción de
todo aquello significó la pérdida irrecuperable de un mundo, el que
fue mi mundo antes del horror.

En estos días recuerdo mi ciudad natal, Lodz. Y su Gueto, en el cual
fui encerrado junto a mi familia. Entre 1940 y 1944, la Alemania nazi
usó centenares de métodos para matar a la población del Gueto de Lodz.
En un principio, impidiendo la entrada de medicamentos para aquellos
que los necesitaban y reduciendo la alimentación al mínimo. Muchos
murieron. Pero no eran suficientes en el cálculo de los nazis entonces
comenzaron con las deportaciones que en realidad no lo eran. Se
trataba de ‘traslados’. La gente era informada de que iba a ser
trasladada a otro lugar y para ello debían tomar sus pertenencias
consigo. No eran deportaciones; el destino era la muerte. En 1943,
comenzaron las así llamadas por los nazis ‘selecciones’. Casa por
casa, los niños y los ancianos eran ‘deportados’ hacia la muerte.

El Gueto de Lodz fue el primero en establecerse en Polonia en 1941, y
el último en liquidarse, en 1944. Su constitución era diferente al
resto de los guetos. La ciudad de Lodz había sido anexada como parte
del Tercer Reich y no constituía en sí un territorio ocupado.
Respondía a estrictos planes y cálculos por parte de los nazis. Sus
habitantes no eran sólo los judíos de Lodz. A él llegaban de distintos
países, de ciudades de Alemania, de la entonces Checoslovaquia y de
muchos otros lugares.

En un comienzo, pensábamos que pasaríamos la guerra dentro del Gueto y
que íbamos a sobrevivir allí. No nos dábamos cuenta de cuál era el
verdadero plan: liquidarnos. Al Gueto no ingresaban alemanes, no
existían pogroms. Era como un país al interior de otro, con su propio
gobierno, diario, estampillas, moneda. Era el único Gueto que estaba
completamente cerrado. Allí adentro la vida seguía, la vida cultural y
social y  las actividades de los distintos grupos políticos
continuaban.

En 1942, fueron liquidadas pequeñas poblaciones cercanas a Lodz. Sus
habitantes, en su mayoría, eran transportados a Chelmo, a la muerte.
Los aptos para el trabajo, llegaban al Gueto de Lodz. Fue entonces que
nos empezamos a dar cuenta de lo que realmente ocurría.

En 1943, ya escuchábamos noticias sobre la situación mundial, la
guerra, en fin, el mundo exterior que rodeaba al Gueto. Yo tenía como
tarea encomendada ir a ver periódicamente a un activista de nuestro
movimiento –Bund- que tenía una radio que había logrado conservar
oculta. El escuchaba la BBC de Londres y a mí y a otros nos contaba lo
que estaba ocurriendo. A su vez, yo debía transmitir las noticias a
otros para así ir informando a todo el Gueto. Recuerdo el mensaje que
recibí: “todos los transportes –deportaciones- de Lodz van hacia
Chelmo, donde todos son asesinados”. Yo no supe qué hacer con esa
noticia. La verdad es que ni recuerdo si la transmití a mi familia y
amigos.

En 1944, entre mayo y julio, hubo transportes incesantes, continuos.
La gente, al principio, se resistía a ir. Pero finalmente se rendían.
El hambre, la enfermedad, no permitían resistir. A pesar de saber,
nadie imaginaba lo peor. Los carteles que inundaban las calles del
Gueto aclaraban que aquel que no se presentara para ser deportado,
sería fusilado. Los últimos transportes eran aquellos que deportaban a
los trabajadores de las fábricas y talleres.

Es terrible pensar que para esa fecha, Paris ya había sido “liberada”,
el sur de Italia también y los soviéticos ya estaban en los
alrededores de Varsovia. A veces pienso que si el Ejército Rojo no
hubiera detenido su avance hacia el oeste de Polonia, cerca de ochenta
mil judíos del Gueto de  Lodz podrían haber sido salvados.
Lamentablemente, los soviéticos decidieron primero dejar que los
alemanes aplastaran el levantamiento de los polacos en Varsovia. Esto
dio tiempo suficiente a los nazis para liquidar el Gueto de Lodz.

No puedo evitar que el dolor que me provoca la indiferencia se
reafirme año tras año. Casi nadie recuerda, ni conmemora. Cuando digo
esto no pretendo condenar a toda la humanidad por su indiferencia.
Basta sólo con calcular las miles de matanzas que ocurrieron durante
todo el siglo pasado y comienzos de este, para entender que es
imposible conmemorar en una fecha a cada una, aún si se quisiera. Los
días del calendario no alcanzarían.

En agosto de 1944, con la liquidación final del Gueto de Lodz, se
cerró una vida muy próspera como la vivida por los 250.000 judíos que
habitaban Lodz; ciudad tan dinámica y variada en su movilidad social,
en sus gustos, en sus pertenencias, donde convivían los jasídicos con
los sionistas,  los ortodoxos con  los socialistas, los ateos con  los
reformistas. 
En estos días me invade la tremenda tristeza de pensar que, en pocos
años, con la desaparición de los últimos sobrevivientes no habrá 
nadie
que incline,  silenciosamente, su cabeza pensando en el mundo que fue.

El 19 de abril es un día de recogimiento, un día para nombrar cada uno
de los guetos, cada uno de los campos de exterminio, y si fuera
posible, a cada una de las víctimas.

El 19 de abril nos permite, a los sobrevivientes y al resto, anclar el
recuerdo. Sabemos que la memoria es muy frágil. Me incluyo entre los
que necesitan establecer en esa fecha, el 19 de abril, la condensación
de todo lo ocurrido en esos terribles años. Para poder seguir
adelante, más de 70 años después, luchando para que el peor flagelo
que tuvo la humanidad en esos tiempos, la indiferencia frente al dolor
de los demás, no ponga en peligro la convivencia entre los hombres"

Silvia:
    Pienso en el  heroísmo y en el altruismo de quienes donaron su
existencia en pro de una esencia humana eterna, sin egoísmos, fueron
por una ley del "No matarás" para cualquier otro como semejante
"Una ofrenda de Amor, de Vida para hacer cesar la muerte del Otro"
    "¡Palabra vale Acto!"
      Y tú, ¿Quíen eres?

Jack:
    ¿Yacub, el Patriarca del Siglo XXI que retorna desde sus ancestros?

Silvia:

¿Quien trocó su Schem/Nombre por Israel, cuando ganó la batalla que
metió Letra/Palabra/Ley como esgrima?
Acaso, el Malaj/ángel no es intercesor entre Cielo y Tierra, "Brit
Milá/Pacto de Palabra/Palabra hecha Acto mediante?

Jack:
     "¿(...)?"