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viernes, 18 de enero de 2013

Misceláneas judías para la pausa del Sábado

7 de Shevat de 5773
Viaje al fin del milenio (fragmento)
de Abraham B. Yehoshua

Pero mientras Ben Atar está pensando si acompañar al rabino en su paseo por la ciudad, iluminada ahora por una luz blanca como la leche, o pedir que le devuelvan a sus dos esposas, a quienes tras la oración de las mujeres, algo más breve que la de los hombres, han vuelto a llevar a casa de sus respectivos anfitriones, de repente entran en la sinagoga dos jinetes armados, vestidos con armadura, portando la hoja de pergamino que había enviado el oficial de la guardia de Verdún con la lista de la mercancía exenta de impuestos, una mercancía que ahora, debido a una nueva y generosa orden decretada por las autoridades del ducado, debía ser repartida bajo su supervisión no solo entre los descendientes de los asesinos del Hijo de Dios, sino también entre los que le recordaban su amor. Así que en pocos minutos, los dos carros, que siguen parados y desenganchados al lado de la sinagoga, se vacían no solo de los montones de saquitos y  tejidos, más pequeños y divididos gracias a la astucia de la primera esposa, sino también de los objetos personales de los viajeros, que debido a esa nueva y generosa orden se han convertido también en regalos. De este modo, en esa noche de fiesta, los habitantes del Rin sazonaron los filetes de cerdo y los guisos de carne de lobo con especias traídas del desierto, aliñaron las verduras con aceite de oliva de Granada y colgaron en las paredes telas de seda de colores bordadas con hilo de oro, telas que eran, en realidad, los vestidos de las esposas de Ben Atar, mientras en la explanada de la iglesia unos niños traviesos cogían las enormes sandalias de los marineros ismaelitas con la idea de hacer con ellas una larga cuerda. Menos mal que los judíos de Worms en seguida compensaron a sus consternados huéspedes dándoles otros regalos. Por eso, ahora, en vez de los mantos de vivos colores que los entusiasmados cristianos habían hecho pedazos, los viajeros del Mediterráneo, tanto judíos como ismaelitas, han tenido que ponerse unos mantos oscuros que se abrochan con cinturones negros, brillantes y con flecos de piel, y unos sombreros puntiagudos, con lo que resulta difícil diferenciarles de los judíos del lugar, que dentro de poco mirarán al cielo buscando el primer hilo dorado de la luna nueva que ha de traer no sólo un nuevo mes sino también un nuevo año.

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Aclamada internacionalmente por el público y la crítica, Viaje al fin del milenio (1997) del gran escritor israelí A. B. Yehoshua, relata un fascinante viaje por mar y por tierra a través de la Europa de finales del siglo X; una Europa atormentada por la proximidad del fatídico año 1.000.
Por ser bígamo, Ben Atar, un mercader judío de Tánger, ve afectadas sus relaciones comerciales con su sobrino Abulafia. De hecho, la mujer de éste, una judía de Worms, no acepta la bigamia y no quiere que su marido mantenga contactos con él. Así es como Ben Atar, con sus dos esposas y sus socio musulmán, emprende un viaje inolvidable para defender la cultura andalusí frente a la ashkenazí. Pero no será una tarea fácil.
Abraham B. Yehoshua (Jerusalém, 1936), quinta generación de judíos sefarditas en Israel, es uno de los autores más importantes dentro del panorama de la literatura israelí. Desde 1972 es profesor de literatura en la Universidad de Haifa. En 1995 fue galardonado con el prestigioso Premio Israel de Literatura. Sus obras han sido traducidas a varios idiomas.

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