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martes, 4 de noviembre de 2014

19° aniversario del asesinato de Itzjak Rabin

Su último discurso pronunciado en la Manifestación en favor del Proceso de Paz, celebrada en la Plaza Maljei Israel 
Tel Aviv, 4 de noviembre de 1995

“Permítanme decir que estoy profundamente conmovido. Deseo agradecer a cada uno de ustedes el haber venido hoy aquí para oponerse a la violencia y manifestar su apoyo a la paz. Este gobierno, que tengo el privilegio de encabezar junto con mi amigo Shimon Peres, decidió darle una oportunidad a la paz. Una paz que solucionará casi todos los problemas de Israel.

Fui militar durante 27 años. Luché cuando la paz no tenía posibilidades. Creo que ahora las tiene, y muchas. Debemos aprovechar esto en nombre de todos los que están aquí presentes y en nombre de los que no están aquí, que son muchos. Siempre creí que la mayoría de la gente quiere la paz y está dispuesta a asumir riesgos por la paz. Con su presencia han demostrado, junto con muchos otros que no vinieron, que el pueblo realmente desea la paz y se opone a la violencia.

La violencia erosiona los cimientos de la democracia israelí, la violencia debe ser censurada y aislada. Ese no es el camino del Estado de Israel. En una democracia puede haber diferencias, pero la decisión final debe tomarse en elecciones democráticas, como en las elecciones de 1992, que nos otorgaron un mandato para hacer lo que estamos haciendo. Y seguiremos así.

Quiero decir que estoy orgulloso de que representantes de los países con los que hemos firmado la paz estén presente hoy con nosotros, y seguirán a nuestro lado: Egipto, Jordania y Marruecos, que nos abrieron el camino a la paz. Deseo dar las gracias al presidente de Egipto, al rey de Jordania y al rey de Marruecos, que han enviado aquí representantes para participar con nosotros en nuestra marcha hacia la paz.

Pero, más que nada, en los más de tres años de existencia de este gobierno, el pueblo israelí ha demostrado que es posible hacer la paz, que la paz abre las puertas a una economía y una sociedad mejores, que la paz no es sólo una plegaria. La paz está antes que todo en nuestros rezos, pero es también la aspiración del pueblo judío, una genuina aspiración por la paz.
Sabemos que hay enemigos de la paz que están tratando de herirnos con el fin de torpedear su proceso.

Quiero decir, sin embargo, que hemos encontrado un socio para la paz también en el pueblo palestino. La OLP, que era nuestra mayor enemiga, ya no se dedica al terrorismo. Sin socios para la paz, ésta no puede existir. Exigiremos que pongan todo de su parte para la paz, así como nosotros haremos lo nuestro, a fin de solucionar el aspecto más complicado, más prolongado y cargado de emociones del conflicto árabe-israelí: el problema palestino-israelí.

Este es un camino lleno de dificultades y dolor. Para Israel, no hay camino sin dolor, pero el camino de la paz es preferible al camino de la guerra.
Esto se lo digo como ex-militar, como un hombre que es hoy ministro de Defensa y ve el dolor de las familias y los soldados de las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI). Por ellos, por nuestros hijos y, en mi caso, por nuestros nietos, quiero que el gobierno busque exhaustivamente cada apertura, cada posibilidad de promover y lograr una paz global. Incluso con Siria será posible hacer la paz.

Esta manifestación debe enviar un mensaje al pueblo israelí, al pueblo judío de todo el mundo, a los muchos pueblos del mundo árabe y, de hecho, a todo el mundo, de que el pueblo israelí quiere la paz y la apoya. Por todo esto, les doy las gracias”.


Fuente: http://www.bamah.org

martes, 10 de junio de 2014

EUROPA Y LA XENOFOBIA

¿Hacia dónde vamos? Breve análisis de un peligro mayúsculo

Para nuestra identidad judía, el conocimiento de la historia de nuestro pueblo es relevante. En muchísimos casos, hemos escuchado de miembros de nuestras familias – padres, abuelos, bisabuelos – historias de sistemáticas discriminaciones. La Shoah es el ejemplo más trágico. Tomar distancia de estos acontecimientos, contradice la dignidad de la existencia, del convivir con nuestros semejantes. No es para nada casual que en Israel exista Yad VaShem y que en las mayores capitales del mundo, museos de la Shoah transmitan estas historias.
Pero vemos que, al menos hoy en Europa, no alcanza. Tampoco alcanza la inmensa bibliografía sobre la xenofobia y el antisemitismo en particular – la más antigua de las discriminaciones – y las innumerables obras de arte que, a partir de la creación, denuncian y se rebelan contra estos hechos. No alcanzan para nada.
Veamos, según una breve crónica de hechos, qué sucede en la Europa de este tiempo degradante.

  1. Las políticas de austeridad en gran parte de Europa han aumentado a cifras elevadísimas la desocupación. Su consecuencia directa, el incremento acelerado de la pobreza y de la tasa de suicidios. Es decir, la esperanza de vida digna, fusilada.

  1. Las agrupaciones políticas ultraderechistas, es decir, xenófobas, racistas y anti inmigratorias, han recobrado enorme fuerza y rápida aprobación de amplios sectores de las correspondientes poblaciones. Recuérdese la situación de la República de Weimar en la Alemania de la década del ´30 y el advenimiento de Hitler y el nazismo.

  1. En Gran Bretaña, el Partido de la Independencia (¡valga denominación!) logró casi el 30% de los votos, es decir, más que los tradicionales partidos conservadores y laboristas. Su propaganda se basó en la desocupación europea y en “denunciar” a quienes están detrás de los trabajos. “Tomemos, decían, de nuevo el control de nuestro país”. Una pinturita.

  1. El Frente Nacional de Marine Le Pen, en Francia, obtuvo uno de cada cuatro votos, superando a los otros partidos. El padre de la nombrada, fundador de este partido xenófobo, expresó su flagrante antisemitismo en muchas ocasiones y su elogio a los campos nazis. No hace mucho, dijo: “El brote de virus de Ebola, que mató a casi 200 personas en Africa, podría reducir el número de posibles inmigrantes a Francia”. Sin comentarios.

  1. En Austria, el “Freedom Party”, tercero en las elecciones, sacó el 20% de los votos. Es la representación de la ultraderecha.

  1. En Hungría, la ultraderecha virulentamente antisemita, logró el 21% de los votos y en Grecia “Aguila Dorada”, partido neonazi, obtuvo el tercer lugar. No solo hace declaraciones racistas. Se dedica a limpiezas étnicas en lugares con inmigración turca y de otras minorías.
Las denuncias de estos procederes les trajo más votos.
Otra vez, el maldito recurso del “chivo emisario” en plena vigencia en la “civilización occidental en Europa”. Nuevamente, los excluidos, peligrosos enemigos que es necesario tratar de aislarlos, de recortarles sus derechos, de arrojarlos de la Europa civilizada e impedirles su ingreso para ocupar lugares y trabajos que de manera alguna les corresponde.
Sin duda, tomando estos datos tan significativos, estas incalificables agresiones, esta extendida enfermedad xenófoba con posibilidades de transformarse en pandemia, da excelentes resultados electorales.
Las desigualdades provocadas por las tremendas políticas de austeridad, políticas que descreen de la igualdad de los seres humanos y transmiten con éxito sus postulados racistas, son uno de los principales puntos de partida de la xenofobia europea y sus consecuencias.

Gerardo Mazur
Departamento de Cultura

martes, 3 de junio de 2014

Jag haShavuot- Zman Matán Torá

Fragmento de "Patria / exilio" (*) de George Steiner

Desde la destrucción del Segundo Templo hasta 1948, el destino de las comunidades judías fue la dispersión y la amenaza recurrente (aunque no hay que olvidar cuántos judíos llevaron una vida más o menos normal, incluso feliz, dentro de los límites de su posición marginal). En el mejor de los casos, se ejercía la tolerancia y hasta la salvaguarda del remanente de un misterio arcaico de revelación y rechazo, útil desde el punto de vista económico pero ante el cual se sentía desconfianza y desprecio. Incluso la emancipación de los judíos europeos occidentales durante la Ilustración y en el siglo XIX fue solo parcial. Las exclusiones profesionales y sociales persistieron aun dentro de una sociedad más liberal. En cierto modo, sigue siendo así hasta el día de hoy. La excepción anglo-estadounidense se debió a causas y particularidades  muchas de las cuales no se entienden del todo hasta el día de hoy (¿el papel dominante de la Biblia en las estrategias y mitologías del protestantismo?). Aún así – para utilizar la sardónica imagen de Heine – el bautismo era  frecuentemente un pasaporte necesario para mejorar la suerte y prosperar. La irrupción y la perpetración de la Shoá volverían inequívoca e insoportable la fragilidad, la casi fatalidad de la condición judía. De ahí provino el milagro necesario de Israel.
Esta condición lamentable, esta capacidad de resistencia muy a menudo al borde del desastre, llevaba consigo una inmensa compensación moral. Desprovisto de poder, despojado de recursos políticos, el judaísmo de la diáspora dejó tras de sí las ferocidades tribales, la xenofobia y la arrogancia racial del Libro de Josué y otros textos triunfalistas del Pentateuco. Los judíos no podían hacer de otros “leñadores y aguateros”. El judaísmo no podía ejercer esa intolerancia religiosa y étnica que distingue al antiguo Israel del relajado politeísmo de la Grecia clásica y del a menudo cínico sincretismo de la civilitas romana.
En ese gueto a través del tiempo que definió la supervivencia judía, los judíos no podían hacer que otros hombres y mujeres perdieran su casa, humillarlos, matarlos ni torturarlos.
Para mí, esa incapacidad, por difícil y costosa que fuera, constituye una segunda alianza tan crucial como la contraída en el monte Sinaí, una segunda elección. “No despojarás a otro ser humano de su casa, no lo humillarás porque es distinto de ti, no pondrás sobre él la mano infernal de la tortura”. Porque aquel que tortura renuncia a su humanidad, fuera cuales fuesen las circunstancias. La observancia de esa segunda alianza, por mucho que viniera impuesta por limitaciones históricas y sociales, invistió a los judíos de una aristocracia moral, una singularidad entre las naciones mucho más noble, mucho más envidiable que la de ninguna otra. Es la que autorizó a Albert Einstein, cuando el servicio de inmigración le preguntó cuál era su raza, a contestar: “la humana”.
 
(*) de Identidades judías, modernidad y globalización, Paul Mendes-Flohr, Yom Tov Assis y Leonardo Senkman (eds), Editorial Lilmod, Buenos Aires,  2007.
                                                               ******************

George Steiner (París, 1929) nació en el seno de una familia judía de origen vienés.Su primera educación la recibió en un Liceo parisino y luego en el Liceo Francés de Nueva York, tras haberse trasladado con su familia en 1940 para huir del nazismo.
Prominente crítico y teórico de la literatura y de la cultura , profesor y escritor.  Su obra tiende a la exploración, con reconocida brillantez, de temas culturales y filosóficos de interés permanente y ha ejercido una importante influencia en el discurso intelectual público de los últimos cincuenta años.

lunes, 18 de marzo de 2013

El Otro de la Ley: el Otro del Derecho, la Ley del Otro



Por Silvia Lef

I)                   La ética hebraica: el Otro...
  
La ética es tan nodal que inviste el cuerpo hebraico. En efecto, el judaísmo es eminentemente ético dado que su esencia al igual que su existencia coinciden en la Ley. Ley como Otro regulativo, orden simbólico instituyente de principios, normas, preceptos, prescripciones que habrán de regular los lazos de los otros como semejantes. Si nos remontamos a la fuente de la Torah como Ley descubriremos un trípode ético: el Código de los Noájidas, consistente en los siete mandamientos para los setenta pueblos de la Antigüedad, donados por el Patriarca antediluviano Noaj/Noé a sus tres hijos: Sem, Cam y Jafet; los Aseret Hadibrot/Diez Mandamientos, revelados como Código Sinaítico al Patriarca Moisés; el Tariag o conjunto de las 613 normativas, distribuidas en 248 positivos y en 365 negativos a lo largo de la Torah. El nudo de las tres fuentes lo constituye el respeto por la alteridad, la nota distintiva y respetuosa de la diferencia: el Otro de la ética monoteística se funda en una concepción novedosa e inédita por cuanto devela y revela en lo Uno, la diferencia. En setenta facetas diferentes se expresa la Ley como Torah, con setenta apelativos se impone el Creador. Entre la Creación como Revelación, a través del diálogo como Relación se va armando la realidad. Otro humano devenido del humus, con la distinción terrena de la falibilidad, de la finitud, límite colocado en la angustia frente a la muerte. Otro divino que insufla el hálito del Ruaj Adonay como espíritu en el humano, al modo de imagen y semejanza con aquel que creó desde la Palabra y espejo identificatorio de quien habrá de recrear como ser parlante/deseante con ese don. El Derecho nace desde ese orden ético filosófico, regulador de la convivencia, donde los valores primigenios serán la libertad, el libre pensamiento, el poder nombrar, el poder decir. La equidad será la búsqueda, el deseo el pivote. El Psicoanálisis recogerá la disquisición aplicada de una ética a un mundo que deberá construirse, donde la subjetividad será un puerto y el deseo un móvil. La falta, la hiancia estructural está inscripta en el cuerpo hebraico, al modo de emblema paradigmático para que aquello que no cesa de no inscribirse en el marco de lo real como imposible halle su Ley, su impronta, su Letra, su Palabra, su Pacto, su Acto, su Circuncisión. Así, el corte de la completud, imposible por inexistente, condenado desde el vamos como des-encuentro, se graba a fuego en el Brit Milá, Pacto de Palabra, Palabra hecha Acto. Fue, Es y Será la Ley. Ley de la castración simbólica. Ley de la finitud. Ley de la falibilidad. Ley humana sin excepción. Ley de la ética de la diferencia. Ley del respeto por el Otro. Ley para el otro como semejante. Nacimiento del derecho hebraico como ética. Re-torno desde el psicoanálisis como ética de la transferencia con traspaso de la diferencia. Ley talmúdica, ley hebraica, ley desde el Otro para el otro. Paradigma del Edén como un ideal por hacer, una hermenéutica y una exégesis por desplegar. ¿Nombre de Nombres? ¿Nombre del hombre? ¿Libertad, destino, demanda? Ética, cultura, religiosidad: ¿tres nudos engarzados en un nuevo Otro en la contemporaneidad? ¿Acaso es la Ley judía una Ley como Otro para cualquier otro? ¿Por qué no? ¿Acaso el extranjero no es el protagonista de esa sutil identidad que debe enseñar y diagramar esa otra faz de la cuestión? ¿No está el Derecho basado en esta ancestral Ley? ¿No implica el Psicoanálisis una otra ética, una Otra Ley? ¿No es su Transmisión un ejemplo metódico y sistemático de versión oralizada de Ley, al modo de un Talmud? ¿No es esa Transmisión como Talmud un Limud, estudio crítico investigativo? ¿No resulta el Psicoanálisis la formulación de una verdadera ética con un derecho subjetivamente insoslayable en la base, al modo de regulación del Otro para el otro?

martes, 12 de marzo de 2013

MANUELA FINGUERET (1945-2013)





Escritora y periodista, a lo largo de su carrera se posicionó como una destacada figura de la cultura nacional y en especial de la cultura judeo-argentina. Fue gestora cultural, tanto en el ámbito público como en el privado.
Su huella en el mundo literario quedó plasmada en varios géneros: publicó libros de poesía, narrativa, ensayos, antologías, cuentos para niños. Blues de la calle Leiva, Hija del silencio, Soberbias argentinas, Fábulas con moraleja y Esquina  y Ajo para el diablo - publicada en 2011 - son algunas de sus obras memorables. Toda su obra se caracteriza por  una fuerte connotación porteña y judía.
En el ámbito periodístico, participó de varios comité de redacción como directora, secretaria de Redacción, columnista y redactora de varias publicaciones. En la década del ´90 dirigió la Revista Plural (segunda etapa) de la Sociedad Hebraica Argentina.
Su última labor fue como columnista en la revista "Caras & Caretas", además de hacerlo de manera esporádica en otras publicaciones. En radio también logró conquistar un espacio: hasta 2011 condujo en FM Nacional "El aire de aquí".
Fue directora general de la Red de Bibliotecas Públicas de la Ciudad en el período 2000-2004 y coordinadora general de Programas Culturales de Buenos Aires entre 2005 y 2006. Entre 2000 y 2010 publicó en varias editoriales reflexiones sobre barbarie y memoria, investigaciones educativas para transmitir la Shoá y sobre la cuestión de las dictaduras en América Latina.Su obra está incluida en antologías y publicaciones nacionales e internacionales. Sus poemas y artículos periodísticos fueron traducidos a varios idiomas, como al inglés, hebreo, francés, búlgaro, islandés, alemán y portugués. Además, fue jurado en distintos premios de literatura. Ha sido invitada a conferencias en Universidades, Encuentros, Ferias del Libro y recitales en el país y en el exterior. Y ha sido convocada como asesora, coordinadora y colaboradora en distintas instituciones, fundaciones y Centros Culturales.
Manuela Fingueret afirmó una vez: “Entre tantos conflictos y contradicciones, existe un territorio llamado libro en donde el placer, los sueños, la memoria y las ideas conviven y confrontan a través de la palabra.”
Ha sido una entrañable amiga de esta casa.

martes, 29 de enero de 2013

“Psicoanálisis y Judaísmo/Judaísmo y Psicoanálisis: ¿Ética monoteística como Circuncisión?




Por Silvia Lef 
Publicado por ElSigma.com el 13/01/2013
 

"El Brit Milá traducido literalmente como “Pacto de Palabra”, “Palabra hecha Acto” menta un Acto que es Pacto de Ley; la “Circuncisión”. Un emblema simbólico que atraviesa el cuerpo real, inviste el cuerpo imaginario y pareciera dar la nota paradigmática a la esencia de la especie humana: la consabida y resistida falibilidad.

El Brit Milá traducido literalmente como “Pacto de Palabra”, “Palabra hecha Acto” menta un Acto que es Pacto de Ley; la “Circuncisión”. Un emblema simbólico que atraviesa el cuerpo real, inviste el cuerpo imaginario y pareciera dar la nota paradigmática a la esencia de la especie humana: la consabida y resistida falibilidad.
El Génesis XVII abre una dimensión de Bereischit, significante polisémico hebraico donde moran el Bar/Hijo de Ley; el Reih/modelo identificatorio, espejo humanitario; la Esch/ chispa vital, el fuego que anima la Vida; el Isch/ el hombre; la Ischá/ la mujer; la Bat/ Hija de la Ley; la enoschut/ la humanidad. El “otro”, el “semejante”, el “diferente” estarán atravesados idénticamente por la Milá/ Ley que es también Torah/ Palabra. Letra/Ot que escribe la alteridad, inscribe la ética desde el corte/Mul de lo completo/maleh para todo ser hecho del humus/Adamá, sea varón, sea mujer, sea judío, sea no judío. De este modo, el mandamiento de la Circuncisión nace en la Emuná/fe abrámica pero se torna transjudaica, abrahámica cuando este Patriarca deviene de ser el primer judío histórico y de ser el Primer Patriarca de Israel en fundador del monoteísmo ético, quien porta un legado universal para los entes hechos del polvo de la tierra. El Schem/Nombre del Padre/Ab habrá de marcar mediante este “registro simbólico” la “falta estructural”, la “hiancia constitutiva” para todo ser labrado desde la Tierra/Adamá. Así, la terrenalidad, la mortandad, la pasibilidad de error, el defecto, la falibilidad son rasgos de este corte, de este registro, tan del humus, tan del género, tan de la especie, tan universal para todo humano, tan singular para el sujeto hebreo/noseh ibrí que lo denuncia al modo de enunciado en su propio cuerpo, al modo de monumento mnémico de la finitud.

I) ¿Es la ética hebraica el prolegómeno de la ética psicoanalítica?
II) ¿Está la ética hebraica, está la ética analítica soportada en la Circuncisión?
III) ¿Es la Circuncisión Ley de Leyes?
IV) ¿Es el sujeto judío el primero que denuncia en su cuerpo esta Ley?
V) ¿Es la Ley de la ética hebraica una Ley insoslayable para la conditio humanitatis?
VI) ¿Es Freud y es Lacan, cada cual, cada quien a su modo, un re-torno a ese Pacto que es Acto.      A esa Letra que es Ley: la Circuncisión?
VII) ¿Es el Psicoanálisis en general y el psicoanálisis freudiano y el lacaniano en especial una vuelta al Schem schel Ab/al Nombre del Padre ibrí/hebreo, en tanto y en cuanto pasa la norma, transfiere la fe, transmite la regla, pasa la Ley?
VIII) ¿Es el Nombre del Padre quien desde el simbolismo puro, al modo de enigma, insondable, inefable inscribe en su Bar/ Hijo de Ley, en su Bat/Hija de Ley la impronta de su propia legalidad?
IX) ¿Es la ética hebraica, es la ética del psicoanálisis una cadena emblemática que pasa la Ley de Abot/Patriarcas a Banim/Banot/hijos/hijas de Dorvador/de generación en generación?
X) ¿Es la Circuncisión la prescripción obligada que funda ambas éticas en la finitud, cuya ofrenda  central para el Uno es la completud?

 

jueves, 20 de diciembre de 2012

¿Por qué Talmud? ¿Por qué Transmisión?



 Hacia una ética testimonial de la Shoá
                                                             por Silvia Lef


El Talmud es un verdadero Limud con Tav, activo, estudio metódico y sistemático de la ley humana, conformado por un sinnúmero de discusiones, explicaciones dilatadas de sabios de diversas escuelas acerca de cuestiones eminentemente humanísticas y universales: folklore, ciencia, ética, filosofía, religión. La transmisión es el pivote fundamental o basis, base, iesodí, fundamental de tal fuente ancestral.
El significante hebraico transmisión / transporte / transferencia es Haaberá, también alusivo a la metáfora. Guemátricamente, vale 282 (doscientos ochenta y dos). Idéntica cifra poseen Iotzé min Haclal, fuera de lo común excepción, extraordinario, singular; Arbí, vespertina; Abir, pasadero, transitable; Klí Rejeb, vehículo; Ibrí, hebreo/hebraico; Hadzera, vesícula; Bilti Safek, seguramente; Ezrá, auxilio, fomento, ayuda, socorro; Haabará, cesión; Haazará, fecundar; Virus, virus, bacteria; Hazrá, vesícula; Melej Elohei Olam, rezo del Sidur que dice: “Dios, Rey mío, Creador del Universo”; Ahió Miejab, consistir; Birkaiim, rodillas, centros; Haknés Lekibá, ingerir; Ájate hamatará, errar la finalidad, desacertar. Por su parte, 228 (doscientos veinte y ocho) valen el Kerub o ángel; Ajzar, bárbaro, feroz, cruel; bajor, primogénito; Melukajim, pinzas; Nahim Lajej, abocado; Baruj, Uno de los Setenta y Dos Nombres del Creador en la Biblia, traducible como “Bendito”, “El Santo”, Mepakeaj, intendente; Patpetán, palabrero; Ierají, lunar; Rejub, montado; Tzí hamiljamá, fuerza Armada; Kabul beadzikim, desposado. 822 (ochocientos veintidós), número, Séfer de Teviot, rótulos; Ketobet, dirección; Katob peturá, facturar; Jaser takdem, inaudito; Hitahut, formación; Jajor, alquilar.
De este modo, el Limud se transmite, transfiere el acervo cultural. Va de Dor vador, de generación en generación. El Talmud como Limud circula, atraviesa al modo de vesícula vespertina y como vehículo singularísimo hebraico, de manera seguramente excepcional, transporta la cesión, el auxilio que fecunda el rezo y que consiste en la ingestión del virus, cuyas pinzas desposan al ángel primogénito, que (cual) palabrero intendente lunar, montado como fuerza armada, desacierta y desbarata lo cruel alquilado. El Nombre del Creador, montado en rótulos inauditos, factura la dirección de una formación abocada a “pasar” “el monoteísmo ético”, inédito aporte del judaísmo a toda la humanidad, concepto transitable y/o pasadero (de) centro en (centro). Así, el Talmud como Limud pasa y deja huella, transfiere una impronta indeleble que el ibrí o hebreo sigue pasando de vez en vez, de siglo en siglo, de generación en generación, al modo de enseñanza de metáfora, de lectura-Escritura-tradición-ley.

Herman Meller, con su obra Mi historia de la Segunda Guerra Mundial (* ) instituye, aún sin saberlo, una ética testimonial de la Shoá. En efecto, su testimonio ético reescribe la historia, la tradición al modo de Mischná y reedita la masoret de una cultura milenaria que él vuelve a recrear, con su inédito aporte y que será un nuevo eslabón en esta serie contemporánea, en pleno siglo XXI .Emite un mensaje que genera un otro desafío para la supervivencia ética de la humanidad.
Al modo de prolegómeno de su libro, aclara: “Las tapas del libro son negras, representan el luto por los muertos. Las de estrellas de David y la segunda guerra mundial en rojo por la sangre derramada. La de mi historia está en blanco, representa mi vida”.
“Nací el 3 de Agosto de 1923 en Blotnia, un pueblo que está en el sudeste de Polonia, ahí también nacieron mis abuelos, mi papá Mejl y mi hermana Fanny. Mi mamá nació en Rohatin. Mis primeros recuerdos se remontan a cuando yo tenía ocho años. Mi hermana y yo íbamos a la mañana al colegio del estado y a la tarde venía un maestro particular a enseñarnos a leer y escribir en hebreo. El pueblo tenía aproximadamente unas setenta casas en total, la mayoría estaban hechas de madera y adobe con techos de paja y el piso era de tierra bien alisada. Por el medio del pueblo pasaba un río muy angosto, en muchas partes se pasaba sobre una tabla de tres metros de largo y cincuenta centímetros de ancho. En las dos calles principales había puentes para cruzar con carros y a veces pasaba algún camión que traía mercaderías para el almacén y el bar del pueblo”. “Al costado pasaba la ruta nacional que venía de la ciudad de Lwow hasta la frontera con Rusia. Sobre la ruta estaba el colegio, al lado de la casa del cura y la Iglesia Ucraniana. El 95 por ciento de los habitantes eran Ucranianos, Polacos solamente 5 casas, y 8 de los judíos”. “En el año 1935 el rabí me preparó para el bar mitzvá y en el año 1937 cuando terminé el séptimo grado empezó la discusión sobre en qué secundario me anoto, si el comercial o el industrial. Como a mí me gustaba el trabajo manual fui al industrial y cursé en el turno noche de 18 a 22 hs, en tanto que durante el día trabajaba en un taller de plomería, gas y calefacción”. “Llegamos al 1º de Septiembre de 1939, empezó la guerra, y con ella el horror y el terror. Los alemanes atacaron por sorpresa a las 4 de la mañana, bombardeando la ciudad y principalmente las usinas de luz, la estación principal de trenes y de gas. También bombardearon algunos edificios de varios pisos, matando a muchísima gente. Empezó el caos, no había muchos hospitales y una gran cantidad de heridos quedaron tirados en las cercanías del hospital. A las 7 de la mañana volvieron a bombardear y ésta vez fue peor que antes, ya que bombardearon toda la ciudad. Las autoridades polacas llamaron a la movilización a todos los hombres de 21 a 30 años. También vinieron a nuestra casa, como así también a la de los otros vecinos para llevarse los caballos y los carros para los hombres del ejército. Lo mismo pasó en todas las ciudades más importantes de Polonia, siendo la más perjudicada la capital de Varsovia. Nos quedamos sin poder escuchar las noticias porque también habían volado las estaciones de radio, lo único que escuchábamos eran las radios alemanas, las cuales leían comunicados diciendo que ya tenían ocupada Varsovia y que rápidamente ocuparían toda Polonia. Los aviones pasaban todos los días pero ya no bombardeaban porque Polonia no ejerció resistencia ya que no tenía cañones antiaéreos, lo que sí hacían los alemanes era bajar sus aviones a unos 300 metros de altura y ametrallaban a todos los que podían. El ejército polaco era muy valiente, pero la famosa caballería nada pudo hacer contra los tanques alemanes”.
“Hasta que llegó el 22 de junio de 1941. Ese día se repitió lo que vivimos en 1939. Los alemanes atacaron por sorpresa”. “Al día siguiente empezó la tragedia para nosotros los judíos. Toda la ciudad fue empapelada con un decreto del gobernador que decía lo siguiente: Todos los judíos deberán confeccionarse una banda de tela blanca de 10 cm de ancho y bordarle en el medio una estrella de David de color celeste. Esta banda deberá estar siempre colocada en el brazo derecho. Quien saliere a la calle sin esta banda será fusilado en el acto. No podrán ausentarse sin permiso de sus casas. No podrán viajar de un pueblo a otro. No deberán reunirse en las sinagogas u otros lugares. Desde la mañana a las ocho todos cuyos apellidos comienzan con A, B, C, o D deberán presentarse en la comisaría más cercana para ser censados, en los días subsiguientes deberán presentarse los que tengan apellidos que empezaran con las letras siguientes, así todos hasta que dentro de una semana estén censados”.
“Y ahí empezó el horror...”
“Los hombres y mujeres debían presentarse en las comisarías a las siete de la mañana y ahí iban a ser seleccionados para mandarlos a los distintos lugares de trabajo”. “Un día aparecieron nuevos afiches y convocatorias radiales llamando a todos los intelectuales y profesionales judíos para que se presentaran en el salón del gobernador para elegir a los representantes de la colectividad que iban a decidir a donde se iba a construir un ghetto. Se presentaron los abogados, los ingenieros, los médicos, etc. y formaron un consejo judío que los nazis llamaban Judenrat. La reunión se hizo un día martes, allí se eligió a un exdiputado como el jefe y varios otros eran sus ayudantes, su misión era hacer el plano del Ghetto y presentarlo a los nazis dentro de la semana. Todos los demás presentes debían ir ese día para aprobar el plan...” “A las dos semanas se reunió de nuevo el Judenrat ya con los planos del Ghetto. Pero todo era una trampa, los alemanes detuvieron a todos los componentes del Judenrat y pegaron afiches diciendo que los judíos debíamos juntar 10.000 kg. de oro y 20.000 kg. de plata en tres días -o sino iban a matar a los componentes del Judenrat. Las familias de éstas 200 0 250 personalidades empezaron a recorrer todas las casas pidiendo colaboración para poder liberar a sus familiares. Mis padres y mis tíos entregaron sus anillos, mi hermana dio los aros y también entregamos los candelabros de plata. A los pocos días se escuchó un comunicado por la radio diciendo que sólo se pudo juntar 500 kg. de oro y 1.200 kg. de plata y que el día siguiente era el último para salvar a estas personas. Pero muchos desconfiaban de que aunque se juntara más oro y plata igual los iban a matar, y efectivamente así fue. A esas personas no las vimos nunca más, y así murieron las personas más destacadas de la ciudad”.
“En esta selección sacaron al grupo donde trabajaba mi papá. Los tuvieron unas dos horas apartados y al no presentarse al trabajo, el General para el cual trabajan fue a pedir por ellos diciendo que los necesitaba por un tiempo más, después de discutir llamaron al jefe de la Gestapo y éste les dio permiso para que se lleve a este grupo fuera del Ghetto haciéndole a él responsable por estas personas. Iban a dormir en un galpón municipal. Cuando mi hermana y yo volvimos a la casa nos enteramos que el grupo de mi papá había sido llevado a algún lugar de la ciudad pero no sabíamos adónde. El sábado nos enteramos por un capo de policía que papá y su grupo estaban en el galpón de la municipalidad. A la tarde fui al comando de la Gestapo y les pedí permiso para ir a verlo y para llevarle ropa para que se cambie. Me dieron dos horas, salí corriendo pero no pude verlo porque el galpón estaba cerrado, pero uno de los que estaba adentro se subió al techo, me tiró una soga en la que até la ropa y se la dio a papá. Luego papá se acercó al portón y pudimos hablar. Me dijo que cuando se le presente la ocasión se iba a escapar y nos iba a avisar adonde se había ido. El hombre que se subió al techo me dio varios papeles con las direcciones de los familiares de los que estaban en el galpón para que les avisara que estaban vivos. El domingo les llevé las novedades a las familias de los compañeros de papá, ninguna familia sabía que estaban vivos y cuando yo les entregaba el papel escrito por un hijo o esposo me abrazaban me besaban y lloraban de alegría, y yo me sentía muy conmovido. En una casa estaba un hombre viejo con una larga barba sentado en una sillita baja y rezaba la Biblia, en el saco tenía un corte en la solapa señal de duelo por pérdida de algún familiar, cuando le saludé y le di el papel escrito por su hijo en el cual le explicaba donde se encontraba, se quedó como paralizado, me miró de arriba abajo se me acercó me abrazó fuertemente y me dijo: yo estaba de duelo rezando por mi hijo pensando que ha muerto y vos traés noticia que vive y está bien, entonces DIOS me ha escuchado y vos enviado por EL, por eso quiero bendecirte en nombre de EL y él me dijo agachá la cabeza, yo soy rabino muy religioso, mi bendición te va a ayudar y a tu familia a sobrevivir estos tiempos y te vas a salvar y vivir por muchos años. Agaché la cabeza me puso las manos encima y rezó algún párrafo de la Biblia después me puse a llorar junto a él. Salí de la casa, sentí que hice una obra de bien.”

(*) Meller, Herman. Mi historia de la Segunda Guerra Mundial. Edición del autor, Buenos Aires, 1998. 


 Herman Meller nació el 3 de agosto de 1923 en Blotnia, un pueblo que está en el sudeste de Polonia. Ahí también nacieron sus abuelos, su padre Mejl y su hermana Fanny. Su mamá Nunina nació en Rohatin. Alrededor del año 1932 se mudó a Lwow. Terminó la escuela secundaria en un colegio industrial. Luego de declarada la guerra quedó un año bajo el dominio ruso, trabajando en un taller. El 22 de junio de 1941, Lwow fue atacada por los alemanes. En un comienzo siguió trabajando en la fábrica fuera del Ghetto, hasta que junto con su familia decidieron esconderse en la casa de unos polacos. Sin embargo, su hermana no pudo ir con ellos y fue asesinada en un campo de concentración. Luego de pasar por varios escondites, sobrevivió a la guerra. Permaneció un tiempo más en Europa hasta que con la ayuda del Joint viajó a la Argentina donde vivía un tío que había salido antes de la guerra. En la Argentina trabajó junto a su tío y su padre. Hicieron una empresa exitosa. Se casó en 1954 con Aída Waizbrot y tuvieron tres hijos: Teresa, Mario y Claudio, ocho nietos y una bisnieta. Siguió trabajando hasta su jubilación. Actualmente, a sus 88 años vive junto a su esposa.

martes, 18 de diciembre de 2012

Lacan el Judío



Jean-Claude Milner *
Una teoría no es verdadera más que si no es todopoderosa. Más exactamente, una palabra no roza la verdad si no ha encontrado, explícita o implícitamente, directa o indirectamente, una de las fallas que resquebrajan la gramática del significante todo. Ahora bien, esto no es posible más que con una condición. Es necesario que el significante todo, en todos sus usos y bajo todas sus formas, no señale jamás una solución, sino siempre un problema. Problema de su propio equívoco, entre límites, sin límites y fuera de límites. Problema de la inexistencia del metalenguaje, de donde se sigue que cuando se menciona todo inmediatamente se usa, y viceversa. Problema de su estuche de sinonimias: todos en plural, todo en singular, artículo definido singular, universal, infinito matemático, infinito no matemático, colectivo/distributivo, etc. También es oportuno, cuando se abordan proposiciones en lengua, cualesquiera que sean, pesquisar ahí las vicisitudes del todo y las huellas que testifican que el problema no ha estado ausente.

El significante todo y el nombre de la peste
El primero en haber sostenido afirmativamente que el significante todo marcaba un problema fue Jacques Lacan. No digo que no haya habido predecesores. Aristóteles es uno de ellos, pero no se puede hacer que él no haya estado leído siempre a la inversa de su sentido. Las antinomias kantianas anuncian las escrituras de “El atolondradicho”, salvo que las primeras se quieren negativas, mientras que las segundas son afirmativas.


Jean Claude Milner
Ahora bien, no siempre se dimensiona la amplitud de la ruptura de 1973. Desde tanto tiempo, el significante todo pasaba por la llave encantada, que abre la reserva de las soluciones, con riesgo de mancharse de sangre. Mención o uso, alcanzaba con que este sea referido para que la luz surgiera. ¿Qué Poucets habían dejado este semillero de piedras a los seres hablantes para que atravesaran las espesuras pasadas, presentes o por venir? ¿Qué importa? ¿Qué importa también que la palabra-talismán se comprenda en sentidos opuestos, entre límite y fuera de límite? Materializado por los Griegos en la polis o en el cosmos, por los Latinos en la República o en el Imperio, por los cristianos en la comunidad de los creyentes en Cristo, por los modernos en el mercado mundial y la universalidad de la forma-mercancía, el significante todo, multiforme y recurrente, vocablo conformado de sus sinónimos y homónimos en enjambre, trazaba lo que se podría llamar en sentido propio una línea de universo.
En esta convicción persistente de que el todo, bajo sus diversas caras –infinito, humanidad, verdad, saber, libertad- indica, a quien sigue la línea de universo, el lugar de todas las soluciones, algunos nombres no obstante han algunas veces provocado trastorno.
Se recuerda que la peste ha resumido largo tiempo, en los Antiguos y hasta el S XVIII, la más profunda puesta en peligro del todo: el todo de la armada griega al comienzo de La Ilíada, el todo de la ciudad de Tebas al comienzo de Edipo Rey, el todo de la Atenas de Pericles al comienzo de la guerra del Peloponeso, el todo de la multitud próspera en las Georgicas, el todo de Florencia en Boccacio. En el cruce del animal y del humano, La Fontaine había designado la causa del terror; la peste suscita el no-todo en el corazón del todo. Freud también, al decir de Jung, había recurrido al nombre de la peste, cuando avistó la orilla de la muy poderosa nación. Así retornaba al remitente la demanda de universalidad-libertad que ya se entendía ahí. Pero el nombre de la peste no ha resistido a la pareja todopoderosa que han formado la ciencia post-galileana y la técnica industrial. En adelante, no se cree más en la calamidad, sino en enfermedades, correctamente descriptas y reportadas, tanto como la investigación lo permite, a sus causas. A suponer que haya conservado algún efecto de sentido, el aforismo de Freud –Les traemos la peste- funciona por rumor y respeto. Pronunciado, si lo ha sido, en 1909, no pertenece al S XX y reenvía, como en un recuerdo evanescente, a la humanidad letrada.

El nombre judío, poder de trastorno
El S XX, en revancha, ha reavivado, desde un lado que no se esperaba, la fuerza de otro nombre, que se creía obsoleto. Este nombre había, a través de millares, acompañado la historia misma. Uno de los más célebres y de los más admirados entre los historiadores había subrayado su poder de trastorno. Había explicado por qué lo juzgaba lúgubre y repugnante. En los Judíos, escribe Tácito “es profano todo [omnia] lo que entre nosotros [apud nos] es sagrado, legítimo todo lo que nosotros tenemos por abominable”[1]. Esto se resume así: por sus ritos y sus costumbres, los Judíos vuelven imposible el empleo de la palabra todo, cuando se trata de seres humanos. En tanto que viven en el corazón de la oikouménè, se ubican en el exterior de la humanidad. En tanto sobreviven –y Tácito no convoca de ninguna manera a su destrucción- impiden que se pueda hablar válidamente de todos los hombres. Es imposible armar un cuadro total de las conductas humanas que sea coherente. Profano y sagrado, cada una de estas dos palabras deviene equívoca en sí misma y su oposición se embrolla. A menos que, para salvar el significante todo, no se ubique a los Judíos en excepción.
Tácito, sin saberlo, se apoyaba sobre la puesta al día de un axioma que pertenecía a un teólogo cristiano. En el S V después de JC, cuando el imperio romano amenazaba ruina, Vincent de Lérins afirmó: la verdad se define: Quod ubique, quod Semper, quod ab omnibus,[2]“en todas partes, siempre, por todos”. No habiendo necesidad de conocer un axioma para depender de él, Tácito enuncia un teorema, que ha sido regulado hace mucho en el espacio europeo las trasformaciones geométricas de los discursos: en un espacio discursivo donde el todo es considerado dando acceso al lugar de las soluciones, el nombre judío dice que no a toda solución. Se puede generalizar: en un espacio discursivo donde vale el axioma de Vincent de Lérins, el nombre judío dice que no al axioma. Ahora bien, este espacio desborda ampliamente europa y el lago atlántico. El mundo musulmán parece admitir bien el axioma de Lérins. ¿Qué ingenuo irá a creer que la revolución mundial lo rechazaría? ¿O la globalización liberal? El axioma de Lérins demanda el universal y él mismo es universal. Desde siempre la humanidad ha respondido favorablemente a su demanda. Siempre, en todo lugar, a todos los que formulan la demanda, el nombre judío la rechaza; en esto consiste la universalidad judía.

El nosotros, y el nombre que se censura
Del teorema de Tácito, se siguen algunos lemas, que bien entendido dependen, ellos también, del axioma. Petrarca se interrogaba: Quid est enim aliud omnis historia quam Romana laus?[3]“¿Que es pues toda la historia sino un elogio a Roma?” Yo traduciría voluntariamente forzando el rasgo: ¿Qué es la historia cuando esta se ordena del todo, sino un elogio de Roma? Otra vez un aforismo sobre el todo. Porta en su reverso un contra-aforismo, del cual Tácito solo testimonia, pero que insiste en los subsuelos de la cultura como un malestar. En la medida exacta en que la historia es un elogio de Roma, la historia es una censura constante en contra del nombre judío.
Pero mientras que Petrarca persistía en su elogio, Roma ya no era más que un nombre entre otros, tomando lugar en una serie. ¿Cuál? Los gramáticos distinguen dos nosotros: nosotros es inclusivo cuando el que lo pronuncia incluye al interlocutor; es exclusivo cuando el que lo pronuncia excluye al interlocutor. Tácito desea incluir a su lector, su nosotros [apud nos] es inclusivo. En el seno de la oposición que él instituye entre “nosotros”, que nosotros planteamos como defensores del todo, y los Judíos, que lo disuelven, el valor designativo del nosotros pudo cambiar; en la época del mare nostrum y en la memoria de Petrarca, nosotros resumía el nombre romano; pudo significar Francia en la época de Edouard Drumont o el Volk alemán en la época de Hitler o we, the people en los tiempos de Mac Carthy. Los que dicen nosotros van y vienen. Teniendo en cuenta este dato que, bien sopesado, no resume nada menos que lo se llama historia, el lema de Petrarca podría ser generalizado: la historia, cuando se ordena del todo, es el elogio de los que dicen nosotros en su empleo inclusivo. Ahora bien, estos han cambiado de nombre.
El nombre judío, en cambio, no ha cambiado ni de función ni de valor designativo; permanece el nombre que se censura, porque expulsa el todo en un océano indefinido de problemas; cuando los que lo portan dicen nosotros, inmediatamente se les supone preferir el nosotros exclusivo al nosotros inclusivo; aquel que desea afirmar la fuerza todo inclusiva del nosotros, se inclina a desconfiar del nombre judío, sobre todo si por casualidad, podría ser portador del mismo.
Es cierto que en el curso del S XIX, el carácter problemático del nombre judío parecía haberse reducido; en el mismo movimiento por el que Europa había erigido la historia en disciplina científica, y los procesos históricos en fenómenos rebosantes de sentido, en el mismo movimiento por el que había admitido que la diversidad de las costumbres no atentaba contra el horizonte totalizante de la humanidad, se había apartado de Tácito. Él fue rebajado al rango de los literatos y su teorema cesó de ser reconocido como tal. Se desarrollaron historizaciones no taciteanas, como se desarrollaron geometrías no euclidianas. La historia había considerado no alabar ni censurar a nadie; no se escribía el nosotros, ni exclusivo, ni inclusivo. Rechazaba ese pronombre, pretendiendo aceptar con ecuanimidad todos los nombres de la historia. Paralelamente, la sociología, la antropología, le etnología pretendieron aceptar con ecuanimidad todos los nombres de la estratificación social o de la repartición geográfica. Las vías del decir que no, se cerraron poco a poco, por falta de uso, amuralladas como estaban por los empedrados de buenas intenciones. Poco importa hoy en día: si fue así en el S XIX, entonces es necesario admitir, en cambio, que en el S XX el teorema de Tácito y su lema retomaron toda su fuerza.

El todo permitido, sus escrituras y su lugar
Historia, política, costumbres, todo se ordenó de alguna forma del todo; las formaciones culturales llevaron al pináculo las diversas variantes del nosotros inclusivo; el nombre judío, explícita o implícitamente, concentró sobre sí la censura que ameritan los que, judíos o no-judíos dicen no al todo. Lacan fue testigo de estos cambios. No dejó de meditarlos. Que la lengua del saber devenga en algunas semanas la jerga del antisemitismo ignorante, que la República francesa se acurruque, como un niño amedrentado, a los pies de un anciano siniestro y que enseguida, exprese su alivio por este séquito de regüeldos que se reagrupa bajo el paraguas de las leyes anti-judías, yo osaría adelantar que Lacan no enseñó nada que no supiera ya, salvo que él enseñó precisamente esto: él ya lo sabía. Le quedaba solamente explicar a los otros y a sí mismo cómo era que él ya lo sabía.
¿Qué significa que el psicoanálisis escogiese el Yo [Je], cuando los saberes que le eran contemporáneos habían elegido el nosotros? ¿Por qué Freud no escribió wo Es war, sollen Wir werden? ¿Cómo arrancar este dato al truismo de la “ciencia judía”? Sobre todos estos puntos y otros muchos, Lacan anticipó proposiciones; estas toman el nombre judío por punto de fuga. Yo reenvío ahí a los lectores deseosos de precisión. Me limitaré al núcleo duro.
Es tiempo de ser explícito: en tanto que el teorema de Tácito no ha sido recusado, entonces su recíproca vale: aquel que descubre en el seno del todo -se trate del significante todo mismo o de una de sus variantes, el centelleo de una fractura, el temblor de un problema que viene a alterar la luz de las soluciones- ha sido tomado por el nombre judío. Pero entonces es difícil mantener el lema de Petrarca. Quien problematiza el todo no debe temer más ser censurado. En esta vía, es bueno afirmar que no hay más elogios ni censuras. Esto se resume en tesis simples: no hay Juicio final, el Papa Noel que distribuye a fin de año las recompensas y, por intermedio del Padre Fouettard las puniciones, no existe; la historia no es un todo y, por ende, no está orientada.
Cuando la verdad se define Quod ubique, quod Semper, quod ab ómnibus, ¿cómo es posible un Judío? La respuesta es clara: no lo es, salvo como soporte de lo falso y de todas las inadecuaciones entre cosas e intelecto. Desde ahí, todo está permitido en su lugar; quiero decir todo lo que permite el todo-poder de la técnica. Porque el trípode venía de un mundo cerrado, donde la técnica no contaba para nada en la mirada del todopoderoso divino o cósmico; una vez mantenido en un universo infinito, en el horizonte de un apareamiento nuevo entre ciencia y técnica, él mutó. Devino esta máquina de devoración, que H. G. Wells había imaginado anticipadamente en La guerra de los mundos. El rechazarlo lejos de sí, el destruirlo pieza por pieza, es en lo sucesivo un deber. Las pocas frases sueltas que Lacan se autorizó sobre el campo de la muerte no dejan lugar a dudas; desde el momento en que él ha tomado conocimiento, hasta sus últimas palabras, ha deseado horadar el enigma de su posibilidad. Las escrituras del todo, si no dan la respuesta, sitúan el lugar.

El todo propiamente puesto en piezas
Ahora bien, si es necesario que la puesta en duda del trípode sea, un instante al menos, tenido por legítimo, entonces es necesario cambiar la definición de la verdad. La ironía de la Fortuna ha querido que Heidegger sirva acá de algún auxilio. Él no lo sabía, no quería saberlo, pero desanudando la verdad de la adecuación, él dejaba al nombre judío un título de propiedad. Pero pertenecía a Lacan proceder a las escrituras necesarias, como se fabrican falsos papeles para salvar a un fugitivo.
Otros han preferido retirarse de la prueba y salvar el todo, al precio del borramiento progresivo del nombre reacio. Otros, amantes demasiado dóciles del todo, todavía atraviesan la prueba, no la han superado. Se dejaron llevar a la tristeza frente al desmantelamiento del bello trípode de Lérins. Movidos por la tristeza extrema, pasaron a veces al odio. Lacan ha relevado el desafío.
No salvar al todo de sus chicanas sino, al contrario, someterlo a estas; respecto del nombre judío, no ceder a la tristeza, pero tampoco fingir y arbolar la máscara de carnaval. Los propósitos vacíos del tipo Nosotros somos todos judíos alemanes, no eran su género. Yo no soy judío, podía decir él de sí mismo con seguridad y simplicidad; como pudieron decirlo Racine, o Péguy, o Claudel. Pero como ellos, justamente, extraía de esta seguridad una conclusión: importa al más alto grado situar lo que dice un sujeto cuando dice de sí mismo Yo soy judío, o cuando, pudiendo decirlo, se rehúsa, o cuando él proclama bien alto que decirlo o no decirlo no hace la diferencia.
Adivinamos al leer el ruego de Esther y la profecía de Joad, que Racine, vuelto hacia Port-Royal, se interrogó sobre lo que es ser judío, con una profundidad tal que se encuentran pocos ejemplos como este, ni en la lengua francesa ni en ninguna otra. Yendo al encuentro de Bernard Lazare en el curso del combate por Dreyfus, Péguy articuló las proposiciones sobre el proferir Yo soy judío; Benjamín, después Scholem persisten en tomarlo. En la persona de Sichel, Claudel no cesó, en su caso siendo cristiano católico romano, de querer captar, como un pintor loco, la mirada oscura que se oculta bajo la venda de la Sinagoga. Pero lo que está permitido a los poetas no lo está al analista.
Este último no puede ni debe ni quiere hablar en el lugar del sujeto. Lacan se prohíbe poner palabras en la boca de uno que diría Yo soy judío. El no cree que la Sinagoga haya jamás tenido los ojos vendados. Sabe de antemano que todo lo que él podría avanzar, respecto a la plegaria o la profecía, depende de una palabra producida. El no ha pegado de entrada el nombre del Cristo –ni ningún nombre por lo demás- sobre el trípode del en todas partes, siempre, por todos. Se pueden relevar las numerosas ocasiones en que, en sus escritos y en su Seminario, él aproxima lo que ha acordado en llamar el judaísmo. Siempre se cuida, frente a los que portan el nombre judío, de enseñarles lo que es este nombre. El se torna más bien hacia los que no lo portan, a fin de advertirles: “Despacio, peligro”. Peligro de imbecilidad, de idiotez, de falta, de crimen.
Freud parece haber deseado enseñar a los Judíos y a los Cristianos lo que ellos son. Él provenía del S XIX e imaginaba aún que la función de maestro del género humano le estaba abierta. Lacan, por su parte, se impone una reserva. Tampoco es que cuando él menciona directamente el nombre judío que éste sea necesariamente el más investido. Más vale pesquisar los momentos donde el todo, la verdad y sus satélites son propiamente puestos en piezas.

El nombre del Yo [Je], o decir que no al todo
Lacan el Judío, la expresión no tiene ninguna significación, pero tiene un sentido. Para todo lugar en donde vale el trípode de Vincent de Lérins –y repito que vale más allá del espacio europeo y el espacio cristiano- me tomo la libertad, por un breve y provisorio instante, de llamar Judío a aquel que dice que no al trípode. A él determinar después si ese nombre que le doy, lo ha recibido de sus padres. Si no es así, que de esto no haga misterio y no juegue al soldadito humanitario; que él diga muy simplemente Yo no soy judío. Su Yo [Je], por sí solo, alcanza para atestiguar que él ha rechazado el axioma de Lérins, el teorema de Tácito, el lema de Petrarca, tanto en sus versiones adornadas o en sus inmundas. Y si lo ha recibido de sus padres, le pertenece buscar su modo de ser judío: negación, afirmación, interrogación.
Lacan el Judío es aquel que dice Yo no soy judío. Porque siendo aquel que dice Yo no soy judío, es también el que dice la verdad no se dice toda, justo después de haber embragado la verdad sobre el Yo [Je]: “Yo digo siempre la verdad” – a comprender como: la verdad habla siempre en primera persona. O, por transformación formal: “yo [moi] la verdad, hablo”[4]. Antes mismo de haber enunciado algunas de estas logia, había dado de esto una ilustración dramática. Quien ha leído “Kant con Sade” se acuerda de las objeciones que Lacan levanta frente a un célebre apólogo kantiano. En la Crítica de la razón práctica, Kant pone en escena un sujeto cuyo príncipe exige que haga un falso testimonio contra un hombre honesto. Lacan presta a este sujeto de la experiencia, que él califica de ilote, una cuestión dirigida al filósofo: “él le preguntará si por azar sería su deber dar un testimonio verdadero, en el caso en que ese fuera el medio por el cual el tirano pudiera satisfacer su deseo. ¿Debería decir que el inocente es un Judío por ejemplo, si él lo es verdaderamente, delante de un tribunal, se ha visto esto, quien encuentra ahí materia a censurar […]?” Lacan continúa: “Se puede erigir en deber la máxima de contradecir el deseo del tirano, si el tirano es aquel que se arroga el poder de avasallar el deseo del Otro”[5].
Así se entiende por retroacción la dimensión terminante de la proposición aparentemente constatativa: La verdad no se dice toda. Esta no puede materialmente decirse toda y, puesto que no puede, no debe decirse toda. El Tu debes, entonces tu puedes kantiano, se revierte en Tu no puedes, entonces tu no debes. Si por imposible, la verdad, una sola vez, se dijera toda, un nombre siempre serviría de pasto para el tirano. Para ilustrar su proposición, Lacan eligió el nombre judío; eligió también el caso del ateo y el del disidente de un partido. Sea, concedo que él no reservaba al nombre judío una suerte particular, entre las que los poderosos acusan. Pero en esto, justamente, escapaba a las trampas de la puesta en excepción, en tanto que él no había todavía desmontado los resortes de la misma. Mora, en su propio apólogo, un alboroto silencioso que estalla en las orejas de los fieles del todo. Familiares o no de Tácito, de Vincent de Lérins o de Petrarca, les va a costar ingeniárselas para multiplicar los acúfenos para cubrir el ruido inoportuno; no sufrirán menos en oír estas simples palabras, en este orden y no en otro: “el inocente es un Judío”.
Traducción: Viviana Fruchtnicht

* Jean-Claude Milner es lingüista, filósofo, y ensayista.
  1. Tácito, “Historias”, libro V, 4-5 (Obras completas, traducidas en francés con una introducción y notas por J.-L. Burnouf, Paris, Hachette, 1881, p. 607).
  2. El texto se lee en el capítulo II del Commonitorium, fechado en 434. La fórmula no define ahí la verdad en tanto que tal, sino la verdad de fe católica. Se le ha atribuído, sin embargo, muy pronto un alcance general. Cf. Vincent de Lérins, Commonitorium, Paris, Desclée de Brouwer, Colección Los Padres en la fe, 1978, p. 26.
  3. Este pasaje se encuentra en una invectiva Contra eum qui maledixit Italiam, de 1373. Cf. Petrarca, Invectives, Grenoble, Jérôme Millon, 2003, p. 308.
  4. Se habrá reconocido el comienzo de “Televisión”, Otros Escritos, Paris, Seuil, 2001, p. 509 & “La cosa freudiana o el sentido del retorno a Freud en psicoanálisis”, Escritos, Paris, Seuil, 1966, p.409.
  5. Lacan, J. “Kant con Sade”, Escritos, ob. cit. p. 784.


martes, 4 de diciembre de 2012

¿Por qué Talmud? ¿Por qué Transmisión? Hacia una ética testimonial de la Shoá




                                                               por Silvia Lef

El Talmud constituye un Limud, estudio activo enciclopédico de leyes y otras actividades espirituales, compendiadas por generaciones de Tanaim, Amoraim y Saboraim. Los tanaítas deben su nombre al Taná, que en arameo designa al maestro, al estudio. Estos maestros sabios, tanto en Israel como en Babilonia, transmitían la ética filosófico-religiosa judaica. Al igual que los amoraím, plural de amorá, que nombra a los oradores o intérpretes de la ley, meturguemánim/turguemánim, maestros sucesores de los primeros, transmitían las enseñanzas hebraicas. Los saboraím, plural de saborá, razonador, maestros sabios sucesores de los amoraím, ratificaban, rectificaban la fuente matriz, además de adicionar sus opiniones. Así, el Talmud comprende dos pandectas completas. Se basa en la Mischná, se amplía conformando la Guemará, complemento de la primera que nuclea explicaciones, discusiones de sabios multitemáticas, relativas a cuestiones científicas, ético-filosóficas, folklóricas universales. De este modo, el Talmud compendia, tanto el Yerushalmi (el de Jerusalem), como el Bablí (el de Babilonia) una interesantísima cantidad de tratados sobre una multiplicidad de cuestiones vitalísimas, relevantes para la humanidad toda, más allá del judaísmo, fuente primigenia en la que nace, para ir desde allí hacia todos, sine qua non. En total compendia 60 libros, divididos en 6 órdenes bien diferenciados de Mischná. Los Tratados son: I) ZERAIM: Berajot, Peá, Demai, Kilayim, Sheviit, Terumot, Maaserot, Maasé shení, Jalá, Orlá, Bikurim; II) MOED: Shabat, Erubín, Pesajim, Shekalim, Yomá, Sucá, Betzá, Rosch Haschaná, Taanit, Meguilá, Mole Katán, Jaguigá; III) NASHIM: Yevamot, Ketubot, Nedarim, Nazir, Sotá, Guitín, Keduschín; IV) NEZIKIM: Baba Kamá, Baba Metziá, Baba Batrá, Sanehdrín, Makot, Shavuot, Eduyot, Abodá Zará, Abot, Horayot; V) KODASCHIM: Zevajim, Menajot, Julin, Bejorot, Arajín, Temurá, Keritot, Meilá, Tamid, Midot, Kinim; VI) TOHAROT: Kelim, Ohalot, Negaim, Pará, Toraot, Mikvaot, Nidá, Majschirim, Zabim, Tebul Yom, Yadayim, Uktzin. 
A su vez, ambas versiones talmúdicas entreveran cuestiones Halájicas, parte religioso-legal, con cuestiones Agádicas, parte narrativa, expresada por medio de aforismos, homilías, leyendas, tradiciones. Ambas formas se enlazan didácticamente y transmiten una filosofía viva eminentemente espiritual. El Talmud ha sido una insoslayable fuente de soporte ético-moral-religiosa-científico-ritual-jurídico-filosófico-folklórico-didáctico en todas las épocas, aún en la diáspora. Asimismo, durante las persecuciones y humillaciones más horrendas de la historia fue sostén del ánimo del pueblo del que naciera. En los momentos de máxima animosidad y segregacionismo fue destruido y quemado como símbolo neto representante de los valores que porta. Asimismo, resurgió y se reeditó cada vez. Padeció los embates cruentos durante la Inquisición y durante el nazismo, por nombrar sólo dos ejemplos históricos de esas largas, traumáticas y crueles fases antijudías que signaron la falible historia humana. Mientras agonizaba el Talmud, los judíos intentaban salvar la vida rescatando siempre el emblema identificatorio que portaba la eternidad del hombre, en relación con su origen divino, del que el hombre judío es tan sólo un emisario cosmopolítico. Así renacía cada vez y se resignificaba la misión universalista del judío, más allá de la misión singular del pueblo elegido para mostrar el monoteísmo ético, bajo el emblema de una filosofía práctica universal, nada elitista. 

El Talmud Torá es el estudio metódico y sistemático de la Torá, del Talmud y de los comentarios de ambos, tanto respecto a lo que está escrito o Bijtab como de aquello pertinente a lo oral o Bealpé. Así, la Toráh o el Jumschei Toráh (Cinco Libros de la Torah) o la Torat Mosché (Torá de Moisés), debe su paternidad al patriarca que diera origen a la Ley nominada como mosaica, en virtud de que fuera el autor de los Cinco Libros del Antiguo Testamento, además de recibir la Revelación que se plasmara en la base de la ética filosófico-religiosa judaica: Aseret Hadibrot o “Diez Mandamientos”, conocido universalmente como “Decálogo”, síntesis esencial del Tariag o 613 Preceptos, matriz completo de normativas aportadas por el judaísmo a la humanidad toda. A saber, los Cinco Libros mosaicos son: Bereischit o Génesis, Shemot o Exodo, Vaikrah o Levítico, Bamidbar o Números y Debarim o Deutoronomio. Por su parte, el Tanaj nuclea la Torah mosaica, los Nebihim o Profetas y los Ketubim o Escritos.
El pueblo judío ha sido nombrado como “pueblo del Libro” a partir del Séfer, Libro Hasfarim, “Libro de los Libros”, alusivo a la Torah, clave-llave-cifra develadora de enigmas atinentes a la realidad humana. La Palabra crea y recrea mensajes de profunda espiritualidad, transmisibles desde la cultura hebraica hacia el resto del cosmos. En el Talmud hay una paradigmática frase que reza: “Al schloshá debarim haolam omed: al Hatorah, al Haabodá,ve al guemilut jasidim”. “Sobre tres pivotes se erige el universo: sobre la “Toráh”, sobre “el Servicio a Dios” y sobre “la acción de los hombres completamente santos”. En efecto, el monoteísmo ético constituye el aporte central del judaísmo a la humanidad. Así, lo ético y lo religioso se hallan entrelazados en la concepción hebraica. El mandato que rige es: “Santos seréis porque Santo soy Yo, vuestro Dios”. (cfr. Levítico 19). Los Profetas de Israel denunciaron el paganismo y la idolatría, condenaron la injusticia social y plasmaron la idea ética consistente en la asociación divina y humana en los ideales de justicia, paz, amor al prójimo. De este modo, la ética bíblica es humana puesto que se funda en un principio universal que comprende a todos los pueblos, tal como se enuncia en el Código de los Noájidas: siete principios de índole ético-religiosa legados por el patriarca antediluviano Noé a sus hijos: Sem, Ham y Jafet. Estas Leyes son obligatorias, según consta en el Talmud, para todos los hombres, con independencia de principios específicos judaicos. Estos siete son: Respeto por la Ley, Abominación por los ídolos, Reconocimiento de Dios, Prohibición de Asesinato, Prohibición de Robo, Prohibición de Incesto, Prohibición de trato brutal a los animales.
Estos principios relativos a una ética universal humana primitiva se perfeccionan luego con el advenimiento del “Decálogo mosaico” o conjunto de los diez mandamientos sinaíticos: Haseret Hadibrot o Haseret Hamitzvot, “Los diez Principios”, “Las Diez Palabras”, “Las diez órdenes u obligaciones”. Diez Preceptos grabados por Dios, tal como relata la tradición, en las Tablas de la Ley, revelados por el patriarca Moisés en el Monte Sinaí. Esta es la Ley fundamental que condensa la Alianza primigenia entre el Dios de Israel con los Patriarcas, sellada por Mosché (cfr. Deutoronomio 9:9). Este primer código occidental, célebre por el inédito aporte respecto de tradiciones anteriores, renueva la vida tanto ética como religiosa  e instituye un modelo nuevo de vínculo entre el hombre y el hombre, entre el hombre y su Creador.
Siguiendo la serie numérica de Los diez Mandamientos, es como si el judaísmo en sí mismo y la humanidad, toda hubiera corrido un grave riesgo de supervivencia ética. Así, Francisco, sin siquiera sospecharlo, labró una nueva ley, como de emergencia, que para él y quizás para otros, tal vez para un sinnúmero más, obró al modo de salvataje de la ley judía para toda la humanidad.
Francisco Wichter, el único sobreviviente argentino de la lista de Oskar y Emilie Schindler rescribe la historia talmúdica y transmite la continuidad del emblema ético-judaico, de la Ley, del mandamiento, instituyendo, sin saberlo, “una ética testimonial de la shoá”. En efecto, él se halla subjetivamente inserto en una filosofía, con una ética en curso, de la que nunca se ha salido. Desde su pertenencia, refuerza el Decálogo, que lo preexiste como sujeto y se anima a adicionar, al modo de Mischná, un nuevo Principio/Mandamiento que sostiene la supervivencia como una orden emblemática para los sujetos en riesgo, el precepto manda “salvarse para contar al mundo lo sucedido con los judíos”, además, a él, como sujeto judío en particular le señala la necesidad de “Honrar a sus padres”, efectivizando en este acto el valor permanente del quinto mandamiento del Decálogo mosaico. Es interesante su reflexión, casi spinocista, desde la cual anuda libertad y destino, con una ética intacta: donde priman la comprensión, Eros (en la mitología griega, dios del Amor), las normas de convivencia social, la fe, la confianza, la reflexión, el enigma, la tradición, la moralidad, los valores afectivos, el respeto por el semejante y las diferencias, el agradecimiento, la bonhomía, entre otros valores (que ni el totalitarismo más atroz pudo destruir en su interioridad). Desde la subjetividad, se sienta jurisprudencia: renace una ética, cuyo testimonio si bien es “desgarrador”, a la vez, se torna emblema que surca un “redoblamiento en la apuesta para la vida”, “plena”, “íntegra”, “con la conciencia tranquila”, con la continuidad de la judaica tradición, cuyo valor central es el amor sito en el Evangelio.
Así en su obra Undécimo Mandamiento (*), dice: “Los mayores cavilan, estoicos y resignados. Veo que mi madre hace con otros consultas en voz baja. De pronto nos llaman, nombran a diez de nosotros y entre los diez estoy yo. Eligen a los más jóvenes de los que ya han crecido, a los que parecen más aptos.
Entre los diez hay dos primos míos, Rachmiel y Schoel, y está Hanka., la mayor de mis hermanas. Nos avisan que cuando los nazis vengan a buscar a todos, nosotros diez seremos los que vamos a ir al escondite. Nos hacen saber sin explicarlo, tal vez sin decírselo a ellos mismos, que hay un undécimo mandamiento y que fuimos elegidos para tratar de cumplirlo: “Sobrevivirás”. Si nos dicen que si alguno de nosotros sobrevive, no tiene que olvidarse de algo: debe contar al mundo lo que les está pasando a los judíos”.
“Es el día de Simjá Torá, cuando se baila con los rollos sagrados de la Torá y se recuerdan las Tablas de los Diez mandamientos. Los nazis han elegido nuestra fiesta para llevarse a los judíos de Belzitz y dejarme sin familia.
Parados en nuestro refugio, sin poder movernos, escuchamos el ruido infernal que dura hasta el mediodía. Después, un silencio sepulcral nos envuelve. Decidimos esperar que llegue la oscuridad para salir.
Así empieza mi lucha por sobrevivir, donde el horror, la casualidad, el riesgo, la voluntad de vivir, el dolor y la intuición se combinarán de un modo extraño y preciso que me llevará a la lista Schindler y finalmente a la Argentina.
Me dijeron que no olvidara contarle al mundo lo que ocurrió con los judíos; voy a contar lo que ocurrió conmigo, y con los que yo conocí. No quiero que se piense que el relato que sigue pasó en un mundo que había enloquecido, donde los hombres se habían vuelto animales y el infierno había irrumpido en la tierra. No es así: los hechos que van a leer acontecieron entre la gente, gente más o menos mala o más o menos buena, igual que toda, alguna más valiente y noble, otra más débil y temerosa, gente decidida o vacilante, fácilmente influible o crítica. Eso es todo. Las cosas ocurrieron simplemente porque una lógica humana, política, histórica las hizo ocurrir. Como la de cualquier sobreviviente, mi historia personal es producto de esa lógica. Por eso, para poder entenderla, hay que empezar por la historia colectiva”.

“Es posible imaginar que fue suerte, o la voluntad de Dios. No quiero ofender a nadie, respeto profundamente la fe, pero no puedo pensar que Dios quiso ayudarme a mí y no a los millones de inocentes que no sobrevivieron. Cuando me acuerdo de los momentos cruciales en los que, porque sí, pude tomar la decisión correcta, yo mismo me asombro. Era un sexto sentido siempre despierto y era el deseo muy fuerte de no entregarme, de vivir. Esa era mi lucha. Para los judíos, en el nazismo, había aparecido el undécimo mandamiento: “sobrevivirás a Hitler, y así lo derrotarás”. Cada hora, cada día, cada mes, parecían siglos en esa batalla. Después de haber pasado esos pocos años que parecieron infinitos, ¿cómo puedo computar mi edad?
Pese a todo lo que sufrí, estoy conforme. Llegué aquí, como dije, con la conciencia tranquila. Sólo me faltaba cumplir con el quinto mandamiento, “honrarás a tus padres”: mi madre me dijo, antes de que se la llevaran, cuál era el modo de hacerlo. Por eso cumplí su legado y relaté mi historia, que no es la única ni excepcional. Si algo puede asombrar de ella-si algo hoy me asombra- son los encadenamientos, las casualidades, un azar que parece previsto, en algún lugar que ignoramos por el ciego destino.”

(*) Wichter, F. Undécimo Mandamiento Testimonio del sobreviviente argentino de la lista de Schindler. Buenos Aires, Emecé Editores, 1998.